En Europa: multa de 12000 € por opinar…

29 Octubre 2009 por angelblanco

Un tribunal de primera instancia de la ciudad alemana de Ratisbona impuso hoy (26-10-09) una multa de 12.000 euros (18.034 dólares) al obispo Richard Williamson (de la FSSPX – foto) por haber cuestionado la cifra oficial de víctimas judías durante el régimen nacionalsocialista alemán, desde Alemania, en una entrevista realizada por la televisión sueca. El abogado de Williamson, Matthias Lossmann, dejó abierta la posibilidad de que su defendido interponga un recurso, lo que obligaría a abrir un proceso penal en su contra.

Fuente:  http://radiocristiandad.wordpress.com/2009/10/26/venganza-a-lo-judio/

los resultados de la mezcla de razas humanas

10 Octubre 2009 por angelblanco

En el blog denunciascívicas se publica un  interesante informe firmado por Mjölnir:

 UNSERE LETZTE HOFFNUNG  hh

 

dos direcciones que hay que consultar

4 Agosto 2009 por angelblanco

Una es   www.ecorevisionista.wordpress.com

Es decir  http://ecorevisionista.wordpress.com/

 

Es interessante que este blog pone énfasis en declarar que se manifiesta “sin odio” y “sin antisemitismo”.

Es curioso que no existen blogs o medios de comunicación donde se declare que no sienten odio contra álguien ó algo.

…es fundamental para conocer lo que realmente pasó en un tema que ya no puede seguir siendo taboo!

Aquí se recomienda visitar esta dirección: www.smiths.com de Bradley R. Smith

La otra dirección nos servirá para conocer la opinión del régimen de los ayatolas de Irán:

www.guerrasionista.com

es decir   http://guerrasionista.com/

UNA CRÍTICA AL “SISTEMA”: EL POTENCIALISMO

19 Julio 2009 por ahriman33

 

 

 

¿En qué consiste la crítica y cuál es su importancia real en las tareas de la disidencia?

Veámoslo. El sistema actual enarbola una ideología concreta, el antifascismo, pero no por capricho, sino sólo porque requiere esa ideología en cuanto fuente de legitimación discursiva, lo que significa que, como cualquier otro “dispositivo de dominación pública”, el sionismo no podría existir sin la fe de las masas en la verdad del mensaje litúrgico que transmite. Además, es vulnerable a un ataque en ese preciso enclave o función de su estructura donde impera formalmente la denominada “libertad de expresión”. Por otra parte, cabe afirmar que en la actualidad -pero la situación podría cambiar si sobreviniera una crisis de dimensiones planetarias, ocioso es señalarlo- el sistema sólo resulta susceptible de ser seriamente dañado en dicho plano simbólico (¡que no es poco!). En efecto, la apabullante superioridad material del aparato de poder liberal-burgués sionista hace inviable un ataque contra el mismo de tipo violento (militar o de cualquier otra clase, como el 11-S) que no vaya precedido de una victoria política, pero a su vez ésta sólo sería posible, o siquiera “pensable”, en el marco de un horizonte histórico donde se hubieran elevado al nivel de la „opinión pública” las graves incongruencias internas del imaginario simbólico vigente y, a fin de erradicar el universo conceptual ideal y narrativo que lo fundamenta, esta situación posibilitase que se usare contra él mismo de su propia y gigantesca fuerza inercial. La crítica de la ideología es, por tanto, el primer e ineludible paso para todos aquéllos que han hecho de sus vidas una militancia disidente contra las fuerzas de la opresión, la mentira y el crimen que actualmente ejercen su tiranía incontestada. Léase: contra nuestros gobernantes y sus correspondientes hinterlands financieros, propagandísticos, sociológicos e institucionales.

Ahora bien, conviene subrayar que no todo asalto verbal a la ideología del sistema ostenta ya el carácter y el rango de una crítica. El motivo es que no puede esperarse un efecto crítico de desafiar a la ideología antifascista desde otra ideología que le sea totalmente exterior, por ejemplo la magia o una religión pagana, porque, incluso si aceptáramos tamaños dislates, la total hegemonía que el dispositivo de dominación ejerce sobre los medios de comunicación, la educación y la cultura, haría ininteligible y, por ende, inocuo, semejante lenguaje „alternativo”. Por tanto, la tarea de los disidentes NR, nacional-republicanos o terceristas -los únicos disidentes de verdad que yo conozco- es acuñar un discurso que, aceptando ciertos presupuestos a los que el sistema no puede renunciar y ha institucionalizado o hecho suyos de manera compulsiva y subordinada pero omnipresente, por ejemplo las exigencias de verdad y objetividad, y siempre que dichos presupuestos, como lo son los del ejemplo, no sean incompatibles con nuestros propios principios, permita ejercer una crítica racional, desplegando un discurso inmanente al mismo sistema cual iskra que provoque el cortocircuito, „incendio” y destrucción de sus dispositivos simbólicos.

Por último, hay que remachar un principio muy claro: únicamente sobre las ruinas lógicas de su propio colapso conceptual interno se abrirá el espacio -horadado en la gruesa muralla del poder- que permita el avance de las fuerzas políticas revolucionarias, es decir, de aquéllas estructuras externas al sistema capaces de hacerse con la dirección de las instituciones, todo ello a fin de sembrar las semillas de una alternativa de valores éticos en las raíces mismas de la existencia humana y, a largo plazo, de transformar el conjunto de la sociedad. Cuando eso ocurra en Europa, y sólo entonces, podrá empezar a hacerse realidad el sueño de derrotar materialmente al sistema, dondequiera que éste haya instalado su sede, en el plano político-militar. A mi entender, aunque aquí se trata ya sólo de una mera prospectiva especulativa, ese futuro anhelado fervientemente por nosotros hace inevitable un conflicto entre un polo político euroasiático de poder real en cuanto negación autárquica del mercado mundial, y el polo político norteamericano, brazo armado del delirante proyecto de globalización liberal-sionista, es decir, de extinción pura y simple de todas las culturas y pueblos de la tierra, excepto el judío.

Designo con la palabra „potencialismo”, porque alguna hay que utilizar y ya explicaré en su momento el motivo de que se eligiera precisamente ésta, al conjunto de planteamientos filosóficos que debe permitir la reorganización de la disidencia, la identificación y definición rigurosa del sistema como enemigo político, la detección y determinación exacta de su ideología o aparato de legitimación doctrinal, y la acuñación coherente del correspondiente concepto de crítica, entendido no en términos de „lo que nosotros pensamos” -o peor „nos gusta”- , sino de aquéllo que, nos agrade o no, puede estrictamente implementar, optimizar y llevar a su máxima expresión el efecto crítico de corrosión y destrucción de la función simbólica del sistema liberal-burgués sionista a escala mundial.

En definitiva, la crítica supone una determinada jerarquía de valores, pero no „otros” valores cualesquiera „distintos” de los actuales. Como veremos inmediatamente, no todo lo presuntamente opuesto al sistema -como la magia o el esoterismo- pertenece al campo de la revolución, puesto que la crítica y la revolución mismas son instituciones modernas. El pensamiento crítico, la disidencia y el proyecto revolucionario subvierten la actual jerarquía de valores, pero los valores mismos erigidos en alternativa forman ya parte, aunque subordinada, de la conciencia colectiva, de lo cual depende precisamente su operatividad criticista. Pues, para empezar, no existe ni puede existir crítica alguna en el seno de una sociedad tradicional. Este hecho es que el diferenció al fascismo de la extrema derecha y sigue ahí impertérrito ante nosotros como la eterna asignatura pendiente del campo NR.

La refundación potencialista del proyecto nacional-revolucionario europeo

En este artículo vamos a hablar sobre un proyecto que dio sus primeros pasos, meros balbuceos por lo demás rápidamente acallados, en la Cataluña de los años ochenta y fue totalmente estigmatizado y rechazado por los que a la sazón monopolizaban -mejor dicho, usurpaban- el canon del discurso nacional-revolucionario, identificándolo con el pomposamente denominado „pensamiento tradicional”, una pura invención que nada tiene que ver con ninguna tradición europea conocida y que hacía apología de curiosidades tan variopintas como -y sin pretender ser exhaustivos- el esoterismo, la alquimia, la magia, la teosofía, el espiritismo, la brujería, las „paraciencias”, el orientalismo, las religiones exóticas no cristianas, etcétera. Inclúyase en este etcétera cualquier expresión de irracionalidad que resultara útil para apartar a los jóvenes nacional-revolucionarios de izquierdas de toda forma de actitud crítica, autónoma e incompatible con la obediencia ciega a la (falsa) autoridad quasi sectaria de tales gurús filoislamistas (hoy enemigos del islam, mañana ya veremos) y doctrinarios de tres al cuarto, quienes hacían cada mes la cesta de la compra con las ayudas aportadas por los servicios de información del estado, enjuta y hasta miserable retribución por su enojosa y canallesca labor de envenenamiento.

Tales estrategias profanas, cuya banalidad y vulgaridad dejan estupefacto al observador, se situaban en el contexto político general de las décadas anteriores, a saber, cuando la guerra fría, en la que España no fue una excepción sino el ejemplo más diáfano de lo que decimos, había obligado al sistema sostener regímenes fascistoides, en este caso el franquismo, mientras instituciones como la CIA reclutaban colaboradores entre los restos humanos del campo vencido en la Segunda Guerra Mundial (pensemos, por poner un ejemplo, en la famosa Red Gladio) a fin de ponerlos a trabajar contra la „amenaza soviética”. El motivo es que existía incluso entre los nacional-revolucionarios residuales una oscura conciencia de que lo suyo nada tenía que ver con la ultraderecha reaccionaria tradicional que los periodistas, los intelectuales y los políticos liberales identificaban tout court con el fascismo. La tarea de los „infiltrados” ultras fue evitar a toda costa que el proyecto NR redescubriera sus raíces izquierdistas, socialistas y revolucionarias, algo que podía tentarlo, como ocurrió con Ernst Niekisch, a cruzar el telón de acero y traicionar a la denominada „civilización occidental”, léase: al mundo de los burgueses conservadores que van a misa todos los domingos y están preocupados, en primerísimo lugar, por poner a buen recaudo lo que ellos llaman la „sagrada propiedad”. Además, y de paso, por esta vía se agostaba la genuina raíz originaria del fascismo, en el fondo incompatible con la derecha cristiano-burguesa. A tales efectos, nos remitimos a la obra de Julius Evola “El fascismo visto desde la derecha“, cuyo título inequívoco define todo un programa de acción intoxicadora, el cual, no lo dudemos, fue llevado a la práctica con absoluta coherencia por parte de sus discípulos.

¿Cómo hicieron la faena? Para decirlo brevemente, se acuñó de la noche a la mañana una pseudo tradición alternativa, tan retrógrada o más que la católica, y se pasó de la teología de tipo eclesiástico-tomista -que como poco guardaba ciertos residuos de la vieja racionalidad helenística- a un conjunto caótico de creencias „mágicas”, „paganas” y „míticas”, cuando no „satánicas”, que nos colocaban a las puertas mismas de los hospitales psiquiátricos, inhabilitándonos para toda clase de acción reivindicativa en el seno de una decadente sociedad plagada de sectas y de ofertas „culturales” análogas, es decir, perfectamente inofensivas desde el punto de vista político (aunque asaz destructivas en el plano personal), entre las que los evolianos no destacaban especialmente.

En España, una de las resistencias, insignificante por su importancia numérica pero enérgica en su oposición a esta maniobra del sistema, fue el proyecto potencialista, que desde el principio (1984) y sin vacilar apeló a los valores ilustrados, la democracia, los derechos humanos, el socialismo, el estado de derecho, la ciencia y la racionalidad filosófica en cuanto ingredientes del proyecto nacional-revolucionario europeo. Ahora bien, como resortes a los que se ha dado cuerda, los mencionados gurús de entonces se apresuraron a dar buena cuenta de esta iniciativa -que se había concretado en la fundación de la Plataforma Nueva Europa con personas y grupos procedentes del marxismo y de la izquierda comunista- mediante una artera campaña de difamación personal soto voce en la que se intentó desacreditar a los principales exponentes de la propuesta, tildándolos de „problemáticos” (desafiaban frontalmente a los chivatos e impostores del Cesid), „nihilistas” (negaban alborozadamente la „salvación del alma”, ya fuera en el „cielo” cristiano, ya en el Walhalla), „separatistas” (el potencialismo usó en sus textos de la lengua catalana a fin de cortar por lo sano con la putrefacta extrema derecha hegemónica), „traidores” (se declaraban socialistas y revolucionarios, ergo „de izquierdas”, luego: rojos ) y otras imputaciones similares. Dentro mismo de la Plataforma Nueva Europa, donde sin conocerlos fueron amablemente invitados a participar, los maestros del „pensamiento tradicional” con cátedra de copistería desautorizaron sin empacho el propio nacionalismo, eje incontestable de resistencia reivindicado abiertamente por los potencialistas, descalificándolo, en nombre del canon evoliano, como fenómeno „burgués”, mientras ensalzaban sin enrojecer de vergüenza los estereotipos „tradicionales” de sociedad cerrada, singularmente los islámicos, todo ello en nombre del no menos pintoresco canon guenoniano, hogaño hurtado por elemental decencia a la mirada de los curiosos. No obstante lo cual, los que liquidaron desde dentro dicha plataforma en cuanto temprano proyecto de renovación NR, se pavonean en la actualidad como identitarios defensores de la nación frente a la inmigración islámica, abjurando así de sus „ideales” de entonces, unas fórmulas que, empero, les fueron muy útiles para sabotear, a sueldo del sistema, aquel esperanzador proyecto nacional-europeo, y retrasar así veinte años la necesaria refundación del campo NR en nuestra patria. Mientras tanto, la pandilla ya ha intentado reventar varios partidos NR en los que se ha cometido también el error de aceptarlos, y a buen seguro que seguirán con su „trabajo” en el futuro a menos que se tome una decisión drástica sobre el tema, a saber, una lista pública de traidores en la que se les excluya sine die, con nombres y apellidos, de toda nueva iniciativa en el seno de nuestro esforzado quehacer.

La intención que nos guía, empero, no es revolcarnos de forma estéril en las desventuras de una ya extinta asociación, sino más bien prevenir a jóvenes incautos de incurrir en nuestras pasadas ingenuidades, fruto de la inexperiencia, de suerte que aquéllas ya no puedan volver a repetirse, para, dicho esto con la mayor claridad, sumergirnos en el sentido de aquél discurso de disidencia crítica. Más en general, pretendemos abundar en las virtualidades revolucionarias de dicho proyecto metapolítico (la entidad potencialista no fue nunca un partido, sino un ensayo de „frente cultural”) en relación a la lucha contra el sistema liberal-burgués sionista en cuanto „dispositivo de dominación” que controla el mundo occidental, un poder cuyas influencias calan mucho más hondo -incluso en nuestra propia carne- de lo que los discursos disidentes habituales nos permiten captar a primera vista.

Derechos humanos: adiós definitivo al fascismo

El punto de partida de una crítica racional al sistema, fundamento de la lucha política nacional-revolucionaria, es la convicción de que nuestros actuales gobernantes son los mayores impostores de la historia, y ello no sólo por los genocidios y crímenes contra la humanidad perpetrados en su nombre a lo largo del siglo XX, sino por la total impunidad que, al amparo de una victoria militar -léase: de un puro acto de fuerza- pero agitando siempre la enseña de los derechos humanos, les ha permitido juzgar una y mil veces la misma causa, a saber, la del nazismo y el „holocausto”, a fin de aplazar indefinidamente, para decirlo de forma sumaria, el expediente relativo a Kolymá/Dresde/Hiroshima, una comprometida coyuntura en la que los imputados, sin coartada ni eximente alguna, serían los propios fiscales de Nüremberg.

Este factum pone en evidencia que la famosa „lucha contra fascismo” no tuvo una motivación moral ni humanitaria, sino una muy otra, de carácter político e ideológico que, frente a Alemania e Italia, colocaba en el mismo bando a la Unión Soviética, Francia, el Imperio Británico y los Estados Unidos. El abismo ideológico que separaba a los Aliados de las potencias del Eje hay que buscarlo en los valores y ello, por supuesto, vista la aplastante evidencia de los hechos históricos, sin pretender ya engañosamente -como se ha adoctrinado a varias generaciones de europeos- que los valores de los vencedores eran aquéllos que se encarnan en la actual doctrina de los derechos humanos, a menos que ésta sea compatible con el exterminio sistemático y planificado de decenas de millones de personas. No vamos a entrar aquí en el tema filosófico de la ética, del que ya nos hemos ocupado en otros artículos de forma provisional, pretendemos sólo limitarnos a subrayar que todas las tentativas, sin excepción, de plantear la crítica al sistema como un ejercicio de negacionismo de los crímenes del bando fascista están condenadas al fracaso y carecen moral y políticamente de sentido. De lo que se trata hoy es de comparar, de hacer balance y de analizar públicamente las causas de unos y otros hechos históricos, tarea crítica por excelencia que se nos hurta de forma reiterada a pesar de que el ideario oficial del sistema, sobre el papel al menos, no podría nunca prohibírnoslo. El motivo, insistamos en ello, es que incluso el más superficial análisis de la realidad histórica coloca en el banquillo de los acusados a los supuestos „demócratas” con la misma o mayor razón que a los dirigentes nacionalsocialistas.

De la circunstancia descrita se siguen fulminantemente las siguientes conclusiones: 1/ no es posible ni aceptable reivindicación política alguna del fascismo, aunque sí cabe una reinterpretación crítica del relato histórico antifascista; 2/ una vez despertados de los ingenuos sueños negacionistas, se trata de renunciar a toda la estrategia defensiva que vaya ligada al lastre de tener que blanquear los movimientos fascistas históricos, por lo menos si lo que se espera es poder algún día procesar a los vencedores y a sus actuales descendientes políticos, ya por acción, ya por omisión, como encausados por la ejecución, banalización y/o negación del mayor genocidio de la historia. Este planteamiento supone reivindicar sin complejos la doctrina de los derechos humanos y condenar todos los genocidios sin excepción, porque una práctica unilateral como la vigente (condenar sólo el holocausto judío) vuelta del revés, carecería de fuerza lógica y moral frente a un enemigo que controla las instituciones y puede desacreditar todo proyecto crítico apelando a cualquier información, por insignificante que fuere, que lo vincule al „fascismo”. En este sentido, conviene insistir en que sólo esta renuncia facultará, en el futuro, acuñar una narración histórica objetiva sobre los movimientos y regímenes fascistas que permita además comprender cómo resultó a la postre posible que millones de personas fueran exterminadas bajo la acusación de ser „fascistas” por los aliados comunistas de occidente y que, a renglón seguido, un sistema político basado en los „derechos humanos” no sólo legitimara el hecho apelando al único recurso de la fuerza bruta, de la impunidad y, finalmente, del olvido, sino que institucionalizara el lenguaje antifascista forjado por Stalin y los suyos -quienes teorizaron y fundamentaron tales crímenes- y lo elevara a la categoría de discurso oficial de los sistemas democráticos, todo ello a fin de difamar y estigmatizar en cuanto „fascistas” (asesinos en la jerga „democrática”) a los críticos y desafectos de la oligarquía financiera (filo)sionista mundial, colocándolos, de paso, como reos de muerte civil y susceptibles de ejecución sumaria, en el punto de mira de las partidas de la porra, kaleborrokos y grupos callejeros antifascistas, terroristas o no, del otro pilar del sistema: la extrema izquierda chequista. Sectores radicales que la propia democracia liberal, por activa o por pasiva, sustenta como postrera garantía e instrumento paralelo y alegal de su abyecta dominación.

Esta postura fundamental nos permite inferir la totalidad de la estructura discursiva del proyecto filosófico potencialista, que pasamos a resumir de forma muy sintética a fin de que los lectores capten, más que informaciones concretas y aisladas sobre el mismo, la idea matriz que lo impulsa y le permite intepretar críticamente, desde una determinada perspectiva racional y comunicable ayuna de fraudes iniciáticos, la totalidad de los fenómenos de nuestra sociedad.

Ciencia y racionalidad filosófica versus magia y mito
Los lacayos del sistema, sabedores de las debilidades del imaginario simbólico occidental, han intentado inocular en el seno de las filas nacional-revolucionarias la creencia de que dicha postura está inexorablemente vinculada a una „excitante” y banal „superación” de la ciencia, léase: la magia; al rechazo de los derechos humanos en nombre del culto terrorista de la violencia por la violencia y del racismo; al desprecio de la racionalidad en beneficio de la mística y el mito; al odio contra la democracia, que cabría „superar” emprendiendo el atrayente camino que conduce a una nueva dictadura, basada en esta ocasión, cómo no, en la obediencia ciega a ciertos dirigentes, depositarios del saber revelado, que no pueden ser racionalmente contradichos porque sientan sus divinas posaderas en un limbo sobrehumano más allá de toda crítica, de todo argumento, de toda fundamentación, y ostentan la legítima prerrogativa de usar la calumnia o la amenaza contra los desafectos al sagrado carisma. Sugerir que semejante bazofia infame sea otra cosa que un intento de conducir el proyecto NR a su propio suicidio voluntario, como no se trate de la misma soberbia delirante y esquizofrénica de quienes la promovieron y en la medida en que se la creyeron ellos mismos en un patético ejercicio de autoengaño untado de dinerito contante y sonante, se nos antoja inaceptable.

Las consecuencias están, empero, muy a la vista cuando repasamos el cuadro de las „élites” intelectuales NR, lectores avezados al culto de escritores declaradamente reaccionarios como Julius Evola o René Guénon, pero incapaces, aunque no por culpa suya sino de nuestros supuestos „referentes” „morales” (!es un decir!), de acceder a un pensador de la talla de Martin Heidegger, el filósofo más importante del siglo XX y, no por azar, alguien que fuera militante y crítico del partido nacionalsocialista alemán, anticipando en dicha crítica interna del fascismo las posiciones nacional-revolucionarias del proyecto potencialista.

Disponemos, en efecto, de dos pilares filosóficos de primera magnitud como punto de partida de la tarea crítica, a saber, Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger, y con ellos de la entera tradición filosófica europea surgida en Grecia, racional, que no racionalista, y en cualquier caso conducente de forma inexorable a la realidad histórica de los fascismos, alfa y omega de la modernidad. No necesitamos, en definitiva, convertirnos en observantes del „pensamiento tradicional”, procedente de una pseudo tradición que sólo existe en la mente de unos pocos panfletarios semianalfabetos, individuos que, en el mejor de los casos, se han revelado como meros cretinos que esperan avistar presuntas naves espaciales hitlerianas afincadas en la Antártida y, en el peor, aparecen en la nómina del Cesid. Decir adiós al pasado es una decisión vital para el proyecto NR. No vamos a sustituir a un escritor por otro porque lo diga quien suscribe el presente texto: valga el crédito histórico-mundial de Heidegger como punto de partida fáctico que se acredita a sí mismo y que podrá responder a posteriori de dichas pretensiones sin que nadie tenga que confiar en „revelación” alguna u obedecer a indecentes sugerencias de „superioridad jerárquica”, rango „iniciático” del interlocutor o milongas „tradicionalistas” por el estilo.

Dicho esto, tendremos que salir al paso de algunas posibles objeciones. En efecto: si como NR aceptamos los derechos humanos, la democracia, la racionalidad, la ciencia y el socialismo, ¿en qué nos distinguimos del sistema liberal-burgués que pretendemos combatir? Pero ya hemos visto que, incluso en el caso del fascismo, que no es el nuestro pero al que estamos históricamente vinculados, las diferencias entre las potencias del Eje y los aliados tenían un claro carácter axiológico, es decir, relativo a los valores éticos supremos, pero los fascistas no rechazaban la modernidad en su conjunto, algo que les distingue, según los politólogos y a pesar de la propaganda, de la extrema derecha reaccionaria (la misma que nos ha inyectado su veneno religioso e irracionalista). No se puede sostener que los aliados representaran la democracia frente a la dictadura, cuando uno de los socios destacados de la hedionda „cruzada antifascista” encarnaba precisamente la tiranía más totalitaria y asesina que la historia recuerda. La crisis de la democracia liberal es un fenómeno de época fundamentado racionalmente por el marxismo. Carece de sentido afirmar que Alemania rechazara la ciencia en nombre de la magia, siendo así que los alemanes fueron precisamente los últimos adversarios militares de los Estados Unidos que mostraron una significativa superioridad tecnológica en el campo de batalla, ni que, como hemos visto, los derrotados representaran la negación de los „derechos humanos”, cuando el fascismo resulta impensable al margen de la reacción contra la barbarie bolchevique, que legitimó la lucha fascista (incluso, inicialmente, a ojos de los gobiernos occidentales) como defensa de la más básica civilidad europea. La línea de fractura hay que buscarla, por tanto, en el dark side, la negación fascista de la tradición judeocristiana, en el rechazo del imaginario utópico-progresista, de raíz religiosa pero secularizado por las sociedades industriales veteromodernas, en la defensa fascista de unos valores trágico-heroicos de ascendencia griega y, de forma radical, en lo que denominaré aquí principio de incompatibilidad entre la verdad y la felicidad que, emanado de la filosofía de Nietzsche y sistematizado por Heidegger en su ontología fundamental, atenta contra la entraña misma de la moralidad liberal burguesa y, a la par, de la ideología marxista-leninista que nutría de legitimidad los sistemas comunistas. Consecuentemente, podemos afirmar que el fascismo fue condenado a los infiernos no tanto por sus crímenes o su presunto irracionalismo cuanto por su exigencia de consumar el proyecto de racionalización occidental en una conciencia lúcida que excluye las ilusiones felicitarias, utópicas y proféticas de las primeras versiones, inevitablemente burguesas, del ideario ilustrado.

Conviene apostillar, en este sentido, que la filosofía de Marx no rompe en ningún momento con los valores hedonistas y eudemonistas burgueses, sino que se limita a exigir su realización, subrayando con razón las contradicciones entre el discurso oficial de las sociedades liberales y la brutal realidad del capitalismo decimonónico. El fascismo aspiraba a un socialismo que tomase nota de la obsolescencia axiológica judeocristiana y asumiera heroicamente la verdad trágica como destino inexorable de la razón occidental. Y en ello estamos, siendo así que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial no han dejado de proclamar en la teoría los viejos valores del Sermón de la Montaña mientras los pisoteaban en la práctica, con tanta mayor eficiencia cuanto que cualquier adversario del sistema liberal-burgués sionista puede ser declarado, por el simple hecho de serlo, enemigo de la humanidad.

Democracia popular participativa versus liberalismo y dictadura

En el ideario de extrema derecha que se ha intentado imbuir en las filas nacional-revolucionarias hasta hacerlas indistinguibles de una pandilla de skin-heads, las críticas a la corrupción de las democracias liberales se metamorfosean de forma insensible y espontánea en una desvergonzada apología de los sistemas políticos dictatoriales de derechas, en el gusto no disimulado por la violencia y el terror, en el racismo y el antisemitismo, etc., lo que hace un flaco servicio a nuestra causa, confirma los estereotipos antifascistas, da pábulo a las campañas de propaganda del sistema y olvida que no hay ninguna relación necesaria entre los valores potencialistas (sustancia del proyecto NR) y semejantes prácticas y modelos terroristas de Estado, ampliamente acreditados, empero, en el campo de la izquierda marxista. Sin negar en ningún momento que los fascismos históricos fueron todos, sin excepción, dictaduras, conviene insistir en que la crisis de la democracia liberal se saldó, no solo a la derecha, sino también y principalmente a la izquierda, con soluciones autoritarias, pero no porque se rechazara la democracia en sí, cosa que no ocurrió en ningún caso, sino porque, según una extendida y fundada idea oriunda de Marx, tales democracias eran puras ficciones controladas por oligarquías económicas planetarias, enemigas mortales, ya del proletariado universal, ya, para los fascistas, del conjunto de la nación. La respuesta dictatorial a la crisis de la democracia burguesa fue, por tanto, una alternativa de la izquierda más granada que los fascistas se limitaron a asumir como un factum, esgrimiéndola, precisamente, frente a la „bárbara” dictadura del proletariado bolchevique, que no podía ser combatida, a su entender, desde los obsoletos planteamientos liberales, sino respondiendo a la violencia bestial de los rojos con una violencia defensiva pero todavía más enérgica y decidida. Fascismo.

Si pasamos del fascismo a la idea nacional-revolucionaria, es evidente que con la dictadura entramos en el terreno del puro accidentalismo histórico, porque los NR, tomando como referencia a Nietzsche y la Konservative Revolution alemana, partimos de una distinción tajante entre liberalismo y democracia que nos permite cuestionar el modelo liberal sin incurrir de forma fatal en la deriva autoritaria. Nosotros no defendemos el Estado ni el Partido, instituciones políticas de la burguesía. La distinción entre autoridad y poder, el concepto correlativo de una entidad política (enspo) institucional depositaria de los valores (=autoridad), frente al mero gobierno (=gestión administrativa), son los temas centrales del potencialismo. La democracia es un concepto de raíz griega e independiente de la actual formulación „democrática” liberal. Y si nadie puede afirmar lo contrario, ¿por qué hemos de considerar falaz, como se pretende con una ironía que sólo encubre su falta de argumentos, el concepto mismo de una democracia no liberal? Por tanto, y aquí estamos ante una cuestión crucial, para los nacional-revolucionarios no se trata de negar la democracia, sino de desafiar los esquemas demoliberales, es decir, oligárquicos, desde exigencias de democratización y participación ciudadana, que el presunto „Estado social y democrático de derecho” no puede, formalmente, recusar, y ello aunque las tema más que al mismo diablo, porque sólo las quiere suyas a efectos de legitimación y lavado de cerebro propagandístico, mientras promueve con todas sus fuerzas la despolitización de la sociedad, reduciendo lo político a mera liturgia antifascista.

A este propósito es bueno referirse al libro de Juan Colomar, recientemente publicado, República nacional española. Municiones para la resistencia, cuyos planteamientos compartimos, quisiera subrayarlo, casi en su totalidad, pese a lo cual queremos señalar aquí las (pocas) pero ineludibles discrepancias que nos separan de él.

Considero, en efecto, que el debate sobre el socialismo entre los nacional-republicanos no deja de permanecer encadenado a una cierta ambigüedad. Se trataría de recuperar el proyecto socialista bajo un cuño no marxista, pero al final da la sensación de que se siguen compartiendo algunos planteamientos marxistas, como el análisis del circuito del capital y la pretensión de construir una alternativa económica al sistema capitalista. ¿No convendría archivar tales vocablos (capitalismo, socialismo) y cargar las tintas sobre el factor político democrático? A mi entender, la clave de los asuntos sociolaborales en la sociedad de la información estriba en el control político popular de los procesos de gestión administrativa y en el estricto, riguroso e inexcusable cumplimiento de la ley, algo que en la actualidad no ocurre aun entendiendo que la ley liberal vigente, obra de las propias oligarquías, debería ser reformada en un sentido ferozmente social. El liberalismo se basa, efectivamente, en la desmovilización y despolitización de las masas y en el ilegalismo más descarado en todos los ámbitos del poder y de la administración de los recursos públicos o privados. Creo que bastaría con la participación activa, fiscalizadora y politizada de la ciudadanía, articulada en órganos de control, para que, sin entorpecer el funcionamiento del mercado en su ámbito legítimo y subordinado a “lo político” (!no confundir con „el Estado”!), pudiera concebirse un equivalente funcional del socialismo sin mencionar un término que es, cada vez más, un lastre simbólico, pues o se opone una nueva teoría socialista plenamente desarrollada a las teorías vigentes hasta hoy, de cuño marxista, o el sentido del concepto reproduce, casi inconscientemente, la totalidad de los tremendos errores del pasado. A la postre, se desemboca en un programa de „nacionalizaciones” y en una suerte de chavismo europeo anclado en los valores felicitarios de la izquierda judeocristiana.

En mi opinión, pero aquí se trata de una opinión que sólo pretende abrir un debate, la cuestión central pasaría, una vez más, por el tema de los valores. El capitalismo como tal no es hedonista, hedonista lo es únicamente el proyecto liberal. Si hemos distinguido ya con claridad entre democracia y liberalismo, llegado ha la hora de acotar liberalismo y capitalismo, abstrayendo éste último en términos rigurosamente económicos en cuanto sociedad de producción. Nosotros no cuestionaríamos así el proceso de acumulación de capital como institución económica, es decir, como fórmula hasta hoy no superada de racionalización de las funciones productivas de la sociedad, ni la ética del trabajo oriunda del capitán de empresa calvinista, sino la sociedad de consumo liberal y el economicismo ligado a ella, que no es otra cosa que la epidemia de los valores hedonistas inoculada por contagio a todas las esferas de la existencia humana a través del ubicuo dogma de la economía. Ésta, devenida a su vez fuente de estatus procedente de una riqueza indecentemente ostentada, fundamenta la dignidad de la persona en el seno las „sociedades desarrolladas”. En pocas palabras, el proyecto nacional-revolucionario, antes que presentarse como una alternativa al „capitalismo”, se limitaría a fijar límites internos a lo económico y a subordinarlo, por la vía legal y moral, a lo político, dejándolo funcionar dentro de ciertos parámetros y montando guardia en los puestos de control, a saber, los correspondientes marcos jurídicos y normativos, de manera que lo económico no devore lo político desde su propia entraña, como un gusano la manzana, que es lo que sucede inexorablemente en los sistemas liberal-burgueses conocidos hasta ahora.

Ni que decir tiene que la fundación de lo político implica el fin de la política, es decir, de la mera „gestión” de un intangible programa liberal a partir de una panoplia de diferentes opciones meramente técnico-administrativas y la subyacente e incuestionada subordinación de la esfera de la autoridad a los valores existenciales del economicismo liberal. Con ello, es el Estado mismo -y, por cierto, el Partido, su núcleo de poder real- lo que desaparece. Este planteamiento supone una reforma integral de aquéllo que actualmente se denomina el poder judicial y la fijación de mecanismos institucionales independientes y objetivos de fiscalización de la administración, de manera que la oligarquía, en última instancia el imperio del dinero, no pueda manipular a los gestores políticos y corromper a golpe de talonario el mandato constitucional emanado de la soberanía popular. En definitiva, en el libro de Colomar detecto algo así como un sutil intento de “competir” con el liberalismo en el terreno económico, de prometer un sistema que ofrezca más „felicidad” a las masas; a la postre, que “funcione” mejor, cuando de lo que se trata es de erradicar de una vez para siempre la sociedad de consumo. Porque la vieja promesa socialista, a saber, el „placer” sin la „inhumanidad” de la competencia capitalista, instaura a la postre la competitividad económica y de „capacidad adquisitiva” en el seno de las esferas políticas y simbólico-culturales, infectando el entero sistema social con el fétido aliento del virus hedonista y eudemonista. Pero esto es siempre, nos guste o no, una repetición descafeinada del marxismo, un sistema que ha sido históricamente derrotado porque compartía sus valores con el liberalismo y concurría con la sociedad de consumo liberal en su propio terreno de juego axiológico. Tenía que perder. Nosotros, en cambio, somos conscientes de que hemos de aplastar al liberalismo en el campo cultural y político-militar, bien entendido que esta vez no habrá un sistema totalitario que, como el comunismo en la Segunda Guerra Mundial, les saque las castañas del fuego a los usureros, los cuales tendrán presumiblemente que defenderse solos frente a un enemigo integral y letal que buscará erradicarlos para siempre de la faz de la tierra como tipo humano.

Hemos de reconocer de una vez que, en términos generales, desde el punto de vista estrictamente técnico y organizativo, nada hay que objetar al capitalismo como modelo de racionalización de la empresa productiva y, si se quiere, al mercado en cuanto dispositivo básico de asignación social de recursos, un mecanismo que conviene dejar funcionar de acuerdo con sus propias leyes, pero subordinándolo siempre a la función política y alejando todo lo posible de su radio de acción determinadas instituciones como la educación, la vivienda, la sanidad, la justicia, el crédito, la defensa, los sectores económicos estratégicos y vitales para la seguridad nacional, etc.; imperativo político que en parte ya fue reconocido por las sociedades europeas en la edad dorada de la socialdemocracia, el keynesianismo y las economías mixtas (inspiradas en el fascismo), pero que los nacional-revolucionarios implementaríamos llevándolo hasta sus últimas consecuencias axiológicas, poco gratas para los criminales con corbata que nos gobiernan. No se trata de presentar, en consecuencia, una alternativa económica al liberalismo, sino una alternativa política al economicismo liberal en términos de democratización radical en el marco de un sistema de valores potencialista. Porque frente a la propuesta de unos valores racionales, los liberales tienen que callar la boca. No así frente al “socialismo” como receta económica rival de la economía de mercado, donde ya hemos perdido de antemano la batalla dialéctica incluso ante la opinión pública más decantada hacia la izquierda, siempre que sea capaz, como creo que lo es, de leer algunos libros de historia. Propongo, pues, aparcar la palabra socialismo y abundar en el tema político de la democratización como clave para garantizar la socialización de los recursos materiales (no hablemos ya ni siquiera de “riqueza”). Evidentemente, esto supone una metamorfosis cultural de valores que contrapondría la actual sociedad de consumo a una economía autárquica y potencialista articulada desde su interior (valores quiere decir aquí fines de la sociedad de producción) como mero apéndice de lo político. Y esto es lo que significaría, si es que tiene algún sentido identificable con cierto rigor, el concepto de república del trabajo en el seno de un discurso nacional-revolucionario que sepa de qué está hablando.

Respuesta de Juan Colomar

He planteado las cuestiones anteriores al autor del libro citado, al que me une una larga amistad. Considero que sería injusto, después de la crítica anterior, no exponer aquí, como poco de manera resumida, cuál ha sido la réplica del interpelado. Más abajo sacaré algunas conclusiones provisionales de este debate crucial, visto que Colomar, fundador de la Plataforma Nueva Europa en la época de ENSPO y del Movimiento Voluntad, procede de la izquierda comunista y ha evolucionado hacia posiciones nacional-revolucionarias que, sin embargo, ya lo veremos, no se identifican con el fascismo, a pesar de que su crítica a este sistema político esté lejos del habitual e hipócrita rasgamiento de vestiduras de la progresía anarcoliberal.

En primer lugar, quisiera resaltar la absoluta coincidencia entre Juan Colomar y el autor del presente artículo en la exigencia de una reivindicación abierta de la democracia y la básica contraposición entre ésta y el liberalismo: „La confusión entre democracia y liberalismo, el ataque conjunto a ambos, la negativa a criticar el liberalismo como antidemócrata, es uno de los puntos claves que explica la bancarrota del fascismo y la gravitación entorno al mismo de toda suerte de tradicionalistas y reaccionarios” (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, 8 de septiembre de 2008, p. 1). Ahora bien, pese a lo dicho, y respecto a la crítica que he desarrollado en el apartado anterior, afirma Colomar que „es exactamente la del fascismo, y sólo ha podido intentarse reestructurando la „super estructura” en un sentido totalitario, resultando de todo ello un lamentable fracaso. La „sociedad civil” burguesa es infinitamente más poderosa que la „sociedad política”, por más que ésta proceda al exterminio de los usos burgueses normales. El fascismo italiano se metió en una repelente cama redonda, no sólo con la burguesía, sino con los residuos de la aristocracia. El nazismo eliminó al capital financiero, pero se amalgamó con los intereses de la industria pesada” (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 5). No obstante lo cual, basta releer mi texto para ver que poco tiene que ver con el fascismo precisamente en lo relativo al punto crucial de la dicotomía democracia/totalitarismo, pues mientras el fascismo instituyó un Estado totalitario, aquéllo que los potencialistas reclamamos expresamente es una radicalización democrática y el control popular desde la base de las instituciones políticas, de suerte que no puedan ser usufructuadas de facto por el poder económico, como sucede en la actualidad. Cito literalmente del texto que envié a Colomar en mi carta de 2 de septiembre de 2008 y que en este artículo me he limitado a abundar: „El liberalismo se basa en la desmovilización y despolitización de las masas y en el ilegalismo más descarado en todos los ámbitos del poder. Creo que bastaría con la participación activa, fiscalizadora y politizada del pueblo, articulado en órganos de control, para que, sin entorpecer el funcionamiento del mercado en un ámbito legítimo y subordinado a „lo político”, pudiera concebirse un equivalente funcional del socialismo sin mencionar un vocablo que es, cada vez más, un lastre(…)” (Carta de Jaime Farrerons a Juan Colomar, 2 de septiembre de 2008). ¿Qué tiene que ver esta afirmación con la propuesta de reincidir en el fracasado proyecto del Estado totalitario? ¿Pero no fuimos nosotros quienes, ya en un texto de ENSPO del año 1988 presentado en el acto fundacional de la Asociación Sin Tregua, a saber, „Maquiavelo y el nihilismo político”, denunciamos el totalitarismo como un intento de controlar por la fuerza la esfera económica capitalista desde la esfera política concebida en términos burgueses, léase: como Estado/Partido? Así, sostiene Colomar, citando al pensador nacional-revolucionario Ernst Jünger: „El capitalista no es más que un funcionario de la acumulación de capital”, y añade: „y tú, Jaime, pretendes que ese movimiento pueda ser domeñado axiológica y políticamente desde una esfera mucho más débil, la del Estado” (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 5). Pero, como decimos, ha sido un tema clásico del potencialismo el carácter individualista de la institución estatal veteromoderna (basada en el Partido, léase: en la parte, agente de los intereses parti-culares del príncipe maquiaveliano y factor antiholista por excelencia) y la necesidad de refundar lo político frente a „la política”. Hemos insistido una y otra vez hasta el hartazgo en la diáfana distinción clásica entre autoridad y poder, Entidad y Estado, lo que implica la extinción de éste último y del Partido tal como los conocemos, hecho que a su vez remite a una transvaloración de valores en el conjunto de la sociedad, siendo así que con el Estado, órgano burgués, se derrumba también la dicotomía liberal de una „sociedad civil” de mercaderes (impregnada de valores hedonistas e individualistas) y el ámbito supuestamente neutro de la política y del poder público (en realidad una agencia de grandes empresas e intereses „particulares”). Por tanto, mi propuesta no puede ser „exactamente la del fascismo”, como pretende Colomar, y lo que aquí se observa es una diferencia fundamental a la hora de concebir el fenómeno del capitalismo. En efecto, según Colomar „el capitalismo no es un sistema mercantil, ni un montaje de usureros (visión nazi), ni se reduce a la propiedad privada. El capitalismo es una respuesta al advenimiento generalizado de la Máquina efectuada desde categorías culturales, sociales e institucionales anteriores a dicho advenimiento. Desde hace milenios existen mercado y mercaderes, propiedad privada, dinero y usura. El capitalismo, en cambio, tiene unos trescientos años de vida. El capitalismo es centralmente un sistema de producción industrial de mercancías. Esta producción alumbra un gigantesco movimiento de socialización técnica del trabajo pero, a la vez, configura un excedente, igualmente gigantesco, que adopta la forma específica de beneficio de una minoría social. Tal excedente no sólo se destina al consumo privilegiado de esa minoría. Se destina, sobre todo, por imperativos de la propia concurrencia, a la ulterior valorización del Capital, a la autoreproducción del mismo en un proceso ciego y cada vez más incontrolado” (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 2). A mi entender, esta concepción del capitalismo es enteramente marxista e ignora, por ejemplo, la fundamental aportación de Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, escrita precisamente como réplica a El capital de Karl Marx.

Estamos ante un tema decisivo que conviene analizar con extrema atención, porque va a decidir el futuro del proyecto nacional-revolucionario como opción de izquierdas, hostil al liberalismo burgués, pero no al progreso tecnológico y a la neomodernidad que propugnamos. ¿Se trata, al fin y al cabo, de una cuestión meramente terminológica? Quizá. Veamos, para empezar, cómo describe Colomar el proceso de socialización al que conduce necesariamente el propio capitalismo: „reemplazo de la centralidad de la propiedad privada individual por la propiedad privada colectiva (sociedades anónimas), creación de oligopolios y monopolios, disociación de la gerencia respecto de la propiedad, formas implacables de planificación en el plano de la empresa, nacionalizaciones para rescatar a sectores del capital en crisis (en este momento, !en los USA!)… El Burgués nos sigue vendiendo manuales de liberalismo económico: su maqueta es un idílico mundo de competencia entre pequeñas empresas que se ajusta eternamente, mientras el Estado no intervenga, mediante el transparente juego de la oferta y la demanda. Pero el liberalismo es una representación primero errónea y luego mentirosa de la realidad. El dominio del Burgués ha sido posible solamente con la decisiva intervención del Estado -la acumulación primitiva de capital en Inglaterra a base de patentes de corso, tráfico de esclavos y expediciones coloniales- y se ha desplegado como la más brutal palanca de expropiación -primero de campesinos y artesanos, luego de empresarios pequeños y medios, finalmente, de los grandes capitales por otros mayores-, de cartelización, de planificación. !El Burgués nos ha enseñado el camino de la concentración técnica y financiera, de la anulación del sacrosanto mercado, de la planificación e incluso de la estatalización!” (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., págs. 2-3). Parece evidente que es el propio Colomar quien contrapone liberalismo y capitalismo. El burgués se ha visto forzado, por la lógica interna del sistema capitalista, a emprender caminos que la doctrina liberal le prohíbe expresamente. No sólo eso, el capitalismo, que según Weber no es más que la racionalización de la esfera económica de la sociedad y no la mera producción en masa de mercancías, exige, por imperativos de racionalidad, la socialización, la planificación, la diferenciación entre gestión y propiedad, etc. ¿Cómo puede, por tanto, identificarse el capitalismo con el liberalismo y la burguesía? ¿No se trata, como en el caso de liberalismo y democracia, de dos conceptos diferentes? Esta es nuestra tesis y creo que, en el fondo, más allá de las palabras, Colomar, fundador de la Plataforma Nueva Europa, la comparte también, aunque utilice una terminología diferente para referirse a lo mismo, con la subsiguiente confusión.

La cuestión central son los valores hedonistas e individualistas de la burguesía, heredera del judeocristianismo, que entran en colisión con la inercia racional que el propio sistema capitalista despliega volis nolis, circunstancia que reclama a gritos una alternativa axiológica y ética en profundísima ruptura con el presente: „el Burgués -dice Colomar-, atado irremisiblemente a las „categorías del individualismo” (…) no puede sino propulsar a niveles cada vez más elevados la contradicción central de su mundo, en un proceso desbocado que se le va de las manos” (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 3). Ahora bien, ¿podrá ser dicha alternativa moral otra cosa que la consumación de la racionalización misma en el plano de la existencia humana? ¿Qué consecuencias se desprenden de este imperativo, el cual va más allá de la destrucción de todos los mitos religiosos, ya sean hebreos o paulinos, ya musulmanes? En efecto, aquello que mantiene al burgués con las manos atadas al ayer es la herencia cultural judeocristiana, incluso allí donde, de forma despiadada respecto de los obreros que explota sin compasión, dudaría de haber roto con la misma, pues su egoísmo sigue siendo un pálido reflejo del individualismo religioso (la „salvación del alma”, la „vida eterna”, la suya). Y es en este punto donde entran Nietzsche y Heidegger en juego, porque únicamente estos autores nos ofrecen una pauta segura y coherente para afrontar el problema de los valores de manera que no confundamos los árboles con el bosque creyendo que basta con una crítica del „capitalismo” para ubicarnos en un genuino espacio político nacional-revolucionario. Nada más equívoco que tales consignas. Nada más lejano de una auténtica revolución que semejantes trivialidades y lugares comunes. Dejo así abierta la cuestión, en el bien entendido que son, entre otros, estos temas, y no la magia, el esoterismo o los OVNIS de la Antártida, los que deben ser debatidos en los foros nacional-revolucionarios. E invito a los lectores del presente artículo a un estudio serio del citado trabajo teórico de Juan Colomar, que contiene una propuesta NR con capacidad suficiente para, por sí sola, elevar la disidencia a la altura de la crítica.

A la izquierda y contra la extrema derecha como enemigo a destruir

De las anteriores consideraciones se desprenden en cascada toda una serie de consecuencias, devastadoras para los Torrentes y otros gurús de la ultra, que rompen definitivamente la putrefacta amalgama de ultraderechismo y pretensiones presuntamente „revolucionarias” o NR que han convertido esta sigla en el hazmerreir del periodismo liberal, y esta vez con razón. Por ello propongo que nos olvidemos ya también de la sigla „NR”, totalmente desacreditada, y empecemos a utilizar el término alternativo ND, „nacional-democrático”. En este artículo seguiré hablando de „nacional-revolucionarios”, bien entendido que con este término no me refiero a los grupúsculos ultras que acostumbran a utilizar el término, es decir, a desprestigiarlo de la manera más penosa.

El militante nacional-revolucionario de izquierdas (o „nacional-democrático”) no debe, desde el punto de vista ideológico, profesar ninguna religión de raíz judeocristiana o monoteísta (judaísmo, cristianismo, islamismo). Otra cuestión es que en los proyectos políticos NR se mantenga una actitud de laicismo y neutralidad religiosa, corriéndose un piadoso velo sobre la cuestión a efectos tácticos. En general, todas las creencias monoteístas descienden de la fe doctrinal en Yahvé, el dios de Abraham que ha institucionalizado, en sus versiones sagradas o laicas, la idea de un „reino de Dios”, llámese resurrección de los muertos, utopía, paraíso totalitario comunista, sociedad de consumo, cultura de la transgresión drogodependiente, mercado mundial liberal o cualesquiera de los espejismos criminales y versiones culturales de lo mismo que el futuro pueda todavía deparar. Todas ellas proceden de idéntico tronco doctrinal semítico, fuente de los valores felicitarios, raíz de la creencia en el supuesto final feliz de la historia y motivo de la negación de las dimensiones trágica, proverista y heroica de la existencia, arraigadas éstas, por el contrario, en el tronco indogermánico y grecorromano de la cultura europea. Efectivamente, Europa ha pagado muy caro el hecho de haber acogido en su seno, la sede de Roma, una religión semita. Los NR, quiénes si no, hemos de ser conscientes de las consecuencias de nuestros planteamientos y emprender una tarea rica en presagios y resonancias bíblicas, a saber: la desjuidaización axiológica -que no étnica- de nuestro solar histórico. Por ende, un militante nacional-revolucionario de élite no puede ser católico alegremente y deviene ajeno, ya sólo por este simple hecho, a toda complicidad de fondo con el campo ultraderechista español.

El enemigo político concreto del militante nacional-revolucionario europeo es la extrema derecha judía y su ideología religiosa, racista y supremacista, a saber, el sionismo, que ejerce un poder poco menos que sin réplica a escala mundial utilizando como brazo armado al ejército de los Estados Unidos, como central de propaganda los estudios de Hollywood (que evacúan regularmente las producciones cinematográficas sobre el Holocausto), y como sede física y epicentro simbólico de sus actuaciones criminales contra la humanidad la entidad sionista denominada Estado de Israel. El concepto central del racismo, la superioridad racial, fue definido por el judaísmo en términos de „pueblo elegido” y llevado a la práctica en forma de asesinatos masivos y genocidas que el Antiguo Testamento describe con profusión y deleite. El proyecto liberal de globalización económica mundial, como antaño el comunismo y en sus orígenes la fe profética, no es más que el instrumento para la realización de los anhelos etnicistas inscritos en el judaísmo y secularizados por los sionistas, directrices de raigambre milenaria que implican la disolución de todos los pueblos de la tierra en el crisol de un mercado planetario empapado en valores hedonistas, individualistas, relativistas y materialistas, donde sólo el pueblo judío, en una posición económica, política y moral hegemónica, conservaría su identidad como garantía de su supuesta superioridad intrínseca.

En consecuencia, el militante nacional-revolucionario tiene buenos motivos para rechazar todo lo que hieda a extrema derecha, es decir, a religión monoteísta, a todo lo que exhale el tufo sanguinario del déspota del desierto llamado Yahvé, reflejo idealizado del faraón egipcio, cuando es precisamente este campo político „ultra”, y no la „democracia”, como se nos pretende hacer creer, el que decide actualmente -pensemos en la „justicia infinita” de Bush- los destinos de la humanidad en el camino sin retorno hacia la realización de la locura sionista. Y es que, gracias a la ideología del holocausto, la extrema derecha judía es el único ejemplar en el mundo de esta corriente ideológica genérica -el catalanismo actual sólo suspira por ello- que puede actuar con total impunidad y sin que se la impute políticamente en cuanto tal. La postura nacional-revolucionaria de rechazo del racismo es así perfectamente coherente con la hostilidad ideológica hacia el sionismo (ultraderechista y racista) y con la doctrina de los derechos humanos, que debe permitirnos condenar y castigar los genocidios y crímenes contra la humanidad perpetrados tanto por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial cuanto por los propios sionistas en tierra palestina dos años después del juicio de Nüremberg y todavía impunes.

Ahora bien, el militante nacional-revolucionario no es un antisemita porque, en primer lugar, rechaza el racismo, constatada su procedencia religiosa, judía y sionista, como hemos visto ya, y en segundo lugar, porque hebreos son quienes están criticando con mayor ferocidad las ideas y las prácticas sionistas (pensemos en Chomsky, Finkelstein, Pappé, etc.). Por lo demás, es absolutamente impensable que la cultura europea se desprenda, sin amputar su propia sustancia, de las contribuciones culturales, filosóficas y científicas de infinidad de autores judíos que no por serlo desde el punto de vista étnico han de sustentar las ideas que rechazamos. Por el mismo motivo, el militante nacional-revolucionario de izquierdas („nacional-democrático”, ND) no tendrá empacho alguno en criticar el nazismo en cuanto inversión „aria” del judaísmo del pueblo escogido y en aplicar a los crímenes del Tercer Reich el mismo rasero que al resto de los genocidios modernos. Y si no se actúa así de forma enérgica y decidida, renunciando a los paños calientes en las cuestiones clave que todo lo deciden, los NR volveremos a deslizarnos imperceptiblemente hacia el estéril espacio político de la extrema derecha.

El militante nacional-revolucionario, cuando se lo preguntan, se declara de izquierdas. Su postura no es un interclasismo de centro o un ninismo (ni.., ni…) supuestamente tercerista que resulta muy útil para maquillar las propias vergüenzas de sacristía (u horóscopo egipcio, tanto da). La palabra „izquierda”, expresamente reivindicada, es la piedra de toque para distinguir a los nacional-revolucionarios de los ultraderechistas y reaccionarios tradicionaleros. Dicha palabra, izquierda, identifica aquí sin ambages a los trabajadores, inmensa mayoría de la nación y únicos perjudicados por una criminal política de inmigración promovida por la derecha liberal y la ultraderecha sionista -en su proyecto de mercado mundial y crisol racial- que, en cambio, beneficia económicamente a las clases medias y no digamos ya a las altas oligarquías financieras que la han desencadenado con el fin de importar mano de obra semiesclava, allanar en mescolanza las diferencias culturales del planeta entero (devenido así mero „mercado”) y reventar el precio del trabajo. Por tanto, cuando alguien quiera saber si él mismo u otro forma parte de la ultra o del campo NR, sólo tiene que preguntar o preguntarse por su ubicación topográfica, a la izquierda, el centro o la derecha, del arco político parlamentario. Es fácil. No se trata de una cuestión ideológica (la palabra izquierda carece de sustancia o significado doctrinal), sino de puro significante, léase: de instinto político. La más mínima duda, la menor vacilación a la hora de responder, ya indica que no estamos ante un militante nacional-revolucionario. Por tanto, insistamos en ello: a la izquierda o con la extrema derecha. No existe, en nuestra coyuntura histórica actual, una alternativa a dicha dicotomía que permita, como antaño, eludir las responsabilidades y seguir siendo NR mientras, por otro lado, se codea uno con la escoria más rancia, patética e impresentable de la eterna reacción.

Jaime Farrerons
L’Escala, 13 de septiembre de 2008

copyright©adecaf 2009

Publicado por Jaume Farrerons en

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2009/07/disidencia-y-critica.html

asalto anarko y antifa en Berlin

23 Junio 2009 por angelblanco

 

 

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Se permiten el lujo de anunciar el asalto, toma y ocupación del histórico aeropuerto de Berlin, que se hizo famoso drante el llamado Puente Aereo de 1948… La prensa, en general… ni una palabra… sobre todo en España, donde la política de arrodillarse ante el morisco es la consecuencia de la llamada “alianza de civilizaciones”…

La información sobre Berlin la tomamos de Nueva Europa:

Planearon durante días ocupar  el Aeropuerto histórico de Tempelhof ( Flughafen Tempelhof) anunciaron que vendrían mas de 10.000 partisanos de los antífas , izquierdas y bloque negro, de toda Europa.

Para ello realizaron  una campaña que decía :
Desde la Web y en un Parque de Berlín realizaban entrenamientos de asalto y ataque a la policía, ésto no es nuevo, ya que los medios que hasta ahora se habían hecho los distraídos con la violencia de la izquierda ya comienzan a publicar notas tales como:
Berlín la capital de la izquierda violenta. Berlín el Centro de entrenamiento de los anarquístas
Casi todo  se hizo desde la Web. bajo el nombre de Squat Tempelhof
Los asaltos al aeropuerto se repitieron durante toda la tarde y la noche del sábado hasta la madrugada del domingo. Apoyados por los ecologístas(Grünen)  los “guerreros” del bloque negro dijeron querer que el aeropuerto fuera abierto a la ciudadanía para que lo usaran como parque público.
Curiosamente el Partído de la izquierda (Linken) no se pronunció demasiado aunque tuvo cieretas escaramuzas con sus socios del Partído socialísta, mientras que sí les apoyaron los Verdes que son la oposición en el Senado.
Aparentemente todo muy inocente. Mandaron tambien a los nuevos soldados disfrazados de payasos cuya misión es distraer pero tambien atacar desde una imagen infantil
En la movilización se dice muy claro que los simpatizantes pueden ayudar actuando directamente, o distrayendo a la policía y esa es la misión de los aparentemente inofensívos payasos. Lo de disfrazarse de payasos surgió desde Colonia . allí la izquierdautilizó este disfraz muy típico del Carnaval de Colonia para disimular sus intenciones violentas. Quien es capaz de arrestar a un payaso? Pués en este caso sucedió a pesar de lloriqueos y protestas.
De los 10.000 activístas, esperados según los organizadores concurrieron 5.000 y según la policía 2.000
Pero de todo este acontecimiento surge algo que habría que analizar. Esta vez las fuerzas de seguridad se movilizaron y en forma. Concurrier0n fuerzas policiales del sur de Alemania de la policía nacional, el lugar se protegió con alambrados de la OTAN y se desplazaron,  en lugares estratégicos,  diferentes carros de asalto, lanzadores de agua y vehículos de protección, filmación y registro.
Los antifas e izquierdas hasta ahora no han tenído éxito en sus intenciones, quien sabe en los proximos días , pero me pregunto:
Porqué las fuerzas de seguridad actuaron de esta forma hasta ahora inusual y  tan enérgica?
Al parecer no se trataba  de un Aeropuerto, sino de un lugar que fué un Aeropuerto y ahora está desierto e inactivo .
Esta idea de asaltar un inmueble aparentemente dejado de la mano de Dios,  a puesto en evidencia que el Aeropuerto de Tempelhof de alguna  manera sigue funcionando.
Las autoridades dijeron que no se puede dejar el acceso libre al lugar porque allí exísten “todavía” aparatos de seguridad aerea y de vuelo que funcionan para Alemania y para toda Europa.
Me pregunto si el cierre de Tempelhof, así como el planeado cierre del otro Aeropuerto de Berlín, Tegel , se produce por los motivos ecologicos expuestos o es que hay algo detrás.
El “chíste” le ha costado milliones al Estado y está por verse quien lo paga. No solamente las instalaciones de seguridad sino el personal extra empleado. Berlín se hunde en una montaña de deudas. Lo pagará quizas la OTAN?
Yo creo que los gastos de este Plande asalto ilegal deberían pagarlo los organias asozadores y simpatizantes es decír, el Partído de los Linken(izquierda) el de los günen(ecologístas) y lciaciones de Antifas y demás, porque ya no es justo que siempre los contribuyentes debamos afrontar los costos por las “buenas”ideas de alguna minoría extremísta, sea del color que sea.
Ha habído cientos de detenciones, pero ya estan todos de nuevo en libertad además hay numerosos policías herídos.
No fue tan pacífica la maniobra según parece.
Esta foto produjo escándalo: por primera vez un policía se defiende y muestra que su arma no es de adorno! Se trata de un policía de civíl es decir quizas se trate de un policía nacional.

El CDU declaró que la izquierda se siente en su salsa, gracias a que tiénen total apoyo desde el Senado de Berlín. Se han adueñado de la ciudad y quieren gobernarla a su capricho.

Actualizado

Los costos de la operación:

El sindicato policial dió la siguiente información:

Este fin de semana hubieron 30 demostraciones en Berlín a un costo de 2,5 Milliones de Euros, 3200 funcionarios policiales(400 de otras partes del país) En el Aeropuerto de tempelhof 1500 Poli cías para 2.000 manifestantes.


 
  • 102 personas presas
  • 21 Policías herídos
  • 1500 policías
  • 99 manifestantes fueron puestos en libertad  el domingo
  • Dos personas llevadas ante el juez
  • Ca. 2000 manifestantes llegaron por el llamado  „Squat Tempelhof”
  • Tres camiones lanza aguas en función
  • Un policía se vió o
  • obligado a sacar su arma
  • 777.000 horas extracumplidas por la policía en estos últimos meses totalizan un coste de 13,3 milliones de Euros. El Senador de Interior(socialísta) de Berlín está muy satisfecho con la ganga.Total pagan los contribuyentes los políticos no se responsabilizan de los costes.
  • 7 Policías afganos estuvieron de observadores en la acción policial para aprender como se evita la toma de un Aeropuerto.

ahora dicen que todos eran malos en 1945

22 Junio 2009 por angelblanco

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Tras 64 años se empieza a escribir, tímidamente, que también  “los aliados” eran malos… Por supuesto… incluso Winston Churchill, hijo de madre judia, es presentado como “antijudio´”…

Es lo que escribe Nicholson Baker  en su ensayo Humo humano, que acaba de publicar en España Debate:

 

- George Bell, obispo de Chichester, en 1941. “Las incursiones nocturnas inglesas sobre suelo alemán habían precedido a los bombardeos

nocturnos alemanes sobre suelo inglés”.

Lo interesante del libro de Nicholson es que recoge frases como las siguientes:

- Winston Churchill, en 1941.

“Hay millones de alemanes que son curables y otros matables”.

adolf opina sobre el ser humano

18 Junio 2009 por angelblanco

Ignacio Ondargáin

EL COMPUESTO HUMANO

“No bastan los libros que hayamos leído, ni las teorías ajenas que hayamos querido incorporar a nuestras vidas, ni haber recorrido los caminos polvorientos y gastados que otros hayan caminado antes que nosotros. Ninguna, absolutamente ninguna de esas verdades (o mentiras, eso ya lo veremos) serán propias, si no las incorporamos a través de la propia experiencia, que es, en definitiva, el significado de la acción y es, como dije antes, poner en contacto lo que se sabe con lo que uno Es. Cuando logramos esto, llegaremos también a otro estado: el de la comprensión de la acción, no sólo su mero conocimiento. Esto nos pasa en la vida de diferente manera, pues la mayoría conoce, pero son muy pocos los que ” comprenden”. (LAURA CARRARA)

El ser humano es un compuesto de varios elementos autónomos que en su interacción dan forma tanto a la mente como al mismo ser biológico y su manifestación o comportamiento externo.

Existen diferentes campos de manifestación humanos, cada uno de los cuales tiene, como decimos, una dinámica propia que a su vez interactúa con los otros niveles o esferas del ser:
- La mente material es la máquina ordenadora práctica que cuadra las ideas y las encasilla;
- Los sentimientos del nivel humano y los deseos se hallan vinculados con el cuerpo astral;
- El cuerpo energético, que es la carga vital;
- El cuerpo físico.

La mente material recoge a lo largo de la vida multitud de conceptos aprendidos de padres, amigos, colegio, estudios, experiencias personales y lecciones recogidas a lo largo de la vida… Muchas veces en el transcurrir de los años hemos ido adoptando conceptos erróneos que nos hacen equivocar los pasos. Entonces, si tenemos la suficiente integridad, un resorte de la mente nos avisará de que algo no va bien, surgiendo conflictos interiores, complejos, sensaciones caóticas… Son crisis personales que muchos seres humanos pasan a lo largo de su vida. Hoy día la psicología y la psiquiatría moderna “solucionan” esto con filosofías decadentes con las que tratan de calmar al paciente, anular su espíritu de rebeldía y desdibujarle la realidad de que es un esclavo que vive en una cárcel… Finalmente lo drogarán con pastillas narcotizantes que literalmente matan y destruyen la persona convirtiéndola en un zombi, un “buen ciudadano”, un demócrata.

Yo creo que, cuando se nos plantea una de estas crisis hay que saber atender esa voz que surge de los más tenebrosos abismos y tener la valentía de conocerse a sí mismo hasta las últimas consecuencias. Sólo de esta forma podemos destruir el Nudo Gordiano que nos ata a la caverna y nos impide salir de ella.

El espíritu es el centro inexistente que en la intimidad de uno mismo se percibe a “sí mismo” como INMUTABLE; es un ser que siempre ha estado AQUÍ, un presente atemporal:
desde que eras un crío hasta hoy mismo sigues siendo ese mismo ser que un día vino aquí desde más allá de las estrellas. Es “inexistente” porque no es de este mundo, no es de esta materia ni de este tiempo-espacio, pero es más real que todo lo que pueda haber sobre este universo.

Al entrar en la manifestación espacio-temporal el espíritu refleja inmediatamente dos cuerpos o campos de manifestación: la consciencia y la mente abstracta, lugar donde se proyectan El Mito y el anhelo de los reinos superiores.

El sentimentalismo humano y los deseos del ser animal ligan al hombre al devenir mientras El Mito llama al hombre hacia lo superior.

Un cuerpo físico-energético enfermo y con sensaciones viciadas y morbosas es una carga para el espíritu que lucha por liberarse. Por esto vemos la importancia que dan Esparta, la Grecia olímpica o el Tercer Reich a la vida sana y al cuerpo fuerte y vigoroso, favoreciendo el deporte, atletismo, alpinismo… (No así en el catolicismo con sus formas amaneradas y sus discursos de reivindicación y exaltación de la enfermedad y la degeneración físico-mental).

Adolf Hitler dice en MI LUCHA:
“Debido a que la condición esencial para la capacidad de realizaciones espirituales es la virtud racial, la educación debe tener en mira, en primer lugar el perfeccionamiento físico, porque es en los individuos sanos y fuertes donde se encuentra la mayor capacidad intelectual. No desmiente nada esa verdad el hecho de que muchos genios son físicamente malformados y hasta, incluso, enfermos. Se trata, en estos casos, de excepciones, que apenas confirman la regla general. Si la masa de un pueblo está compuesta de degenerados físicos, muy raramente surgirá de ese pantano un espíritu realmente grande. De su comportamiento no es lícito, en ningún caso, esperar gran cosa. Esa masa inferior, o no lo entenderá en absoluto, o será tan débil de voluntad que no logrará acompañar al genio en sus altos vuelos.
Fundándose en esta convicción, el estado racista no limita su misión educadora a la mera tarea de insuflar conocimientos del saber humano. No, su objetivo consiste en primer término, en formar hombres físicamente sanos. En segundo plano está el desarrollo de las facultades mentales y aquí, a su vez en lugar preferente, la educación del carácter y, sobre todo, el fomento de la fuerza de la voluntad y de decisión, habituando al educado a asumir gustoso la responsabilidad de sus actos. Sólo después de todo esto viene la instrucción científica.
El estado racista debe partir del punto de vista de que un hombre si bien de instrucción modesta, pero de cuerpo sano y de carácter firme, rebosante de voluntad y de espíritu de acción, vale más para la comunidad del pueblo que un superintelectual enclenque.
Un pueblo de sabios, físicamente degenerados, se vuelve débil de voluntad y se transforma en un hato de pacifistas cobardes que nunca realizará grandes hazañas y ni incluso podrá asegurarse la existencia en la tierra. (…)
Lo que hizo imperecedero el ideal de la belleza griega fue la armonía entre la perfección física, espiritual y moral.

El refrán popular, según el cual “la felicidad, a fin de cuentas, se reserva siempre a los más capaces”, también se puede aplicar a la armonía que debe existir entre el cuerpo y el espíritu. El espíritu sano generalmente coincide con el cuerpo sano”.

Además de los cuerpos o compuestos que forman el ser humano a nivel individual y que por sí mismo actúan de forma autónoma si bien siguiendo entre sí ritmos paralelos, existen además numerosos campos de fuerza globales interconectados que actúan continuamente sobre y en cada ser humano incluyéndolo en una gran red colectiva que le condiciona de forma inconsciente pero casi definitiva. Son los “ríos que fluyen al mar… que es el morir”. Es la rueda del tiempo del mundo.

Aquí el sentido de la esvástica sinestrógira y de la ciencia mágica del Tercer Reich.

Saludos!
Ignacio

http://www.europans.org/forum/index.php?page=Thread&threadID=3200

"el arte de ligar 2"…. un raro libro de un "iluminado" "conspiranoico"?

31 Mayo 2009 por angelblanco
224 RAFAPALpewqno 

 224 RAFAPALpewqno MEDIANO

 

 

 

  1.  
    1. Parte II: El arte de la conquista
  1. El ligar sin ligar
  2. Segunda parte de “El arte de ligar”

    Por Rafael Palacios, RAFAPAL

    www.rafapal.com

  3. A lo largo de la primera parte hemos analizado los métodos para ligar, para seducir a otra persona, para convencerla, en definitiva, de que a quien debería prestar atención y ofrecer sus favores es a nuestra persona y no a otra. De una u otra manera, de lo que hemos estado hablando es de las máscaras que podemos utilizar para seducir (de “engañar”, como decía el diccionario) a otra persona.

Como hemos visto, esa seducción que parte de la impostura es una maniobra que todos hemos aprendido a efectuar en una sociedad en la que la colocación de caretas y máscaras ha constituido una forma de relacionarnos, un modelo empresarial en toda la regla; y lo ha sido hasta tal punto que lo hemos asumido como normal. De acuerdo a ese modelo, cuantas más caretas logre colocarse una persona, más posibilidades de seducción tendrá, pues el abanico de posibles compradores de su producto (uno mismo) aumentará proporcionalmente. Valgan como ejemplos el mítico Casanova o el conde Valmont de las “Amistades peligrosas” de que hay técnicas para convencer: el ligar sería así, un tipo de marketing, una venta en la que uno mismo es el producto, que se ajusta a un mayor número de compradores. Si en eso, en la apariencia, reside lo que uno considera el triunfo, no hay duda de que algunas de las técnicas apuntadas en la primera parte resultarán atractivas para los lectores. Ahora bien, todo aquel que se coloque una careta, en cualquier situación de la vida, y específicamente, en el arte del cortejo, sabe que, a partir de ese momento, su relación con la otra persona quedará marcada por ella. Es decir, si la otra persona se enamora de esa careta, de esa máscara, demandará que nos la coloquemos constantemente porque es de ella, de la máscara, de la que se ha enamorado. En otras palabras, que nos obligará a ser otra persona, a desarrollar otra personalidad para recibir su aprobación, su cariño. Por el lado positivo, en el caso de que la otra persona haya conseguido sacar a la luz una faceta nuestra oculta que permanecía reprimida, esto redundará en una potenciación de nosotros mismos y de la pareja resultante. Por el contrario, en el caso de que las facetas que nos potencie sean imposturas, la imitación de un personaje, nos obligará a ser ese personaje, ese fantasma, todo el tiempo que pasemos con la otra persona. Las consecuencias de esto serán, de una u otra forma, violentas. En el caso de que estemos reprimiendo nuestra verdadera esencia, buscaremos en otro lado quien nos permita expresarnos tal y como somos (amigos, amantes) o, incluso, puede que acabemos odiando a esa persona que nos tiene “apresados”. De todo ello, resultarán relaciones, en mayor o menor medida, sadomasoquistas, es decir, que se sostengan sobre una dinámica perversa.

Toda esta exposición, como ha quedado reflejado a lo largo del ensayo, puede explicar muchas cosas. Explica, por ejemplo, lo poco que duran los matrimonios entre actores; muchos de ellos se enamoran del personaje que interpretan, es más, algunas de las personas que se casan con actores seguro que lo hacen, en alguna medida, enamorados del personaje que interpretaron en determinada película. Incluso nosotros mismos cada vez que hemos deseado a un personaje famoso es muy posible que nos sintiéramos atraídos por ese personaje y no por la persona, por su esencia. La vida de los actores es paradigmática del tiempo que nos ha tocado vivir; ellos llevan hasta las últimas consecuencias el tema de la máscara: quizás por ello se pusieron tan de moda las entrevistas a los actores en el tiempo del que nos ocupamos. Si recordáis, las preguntas más repetidas por los periodistas fueron:

-¿Cómo hiciste para meterte en la piel de ese personaje? ¿cómo te sentías? ¿te ha costado separarte de él?

En realidad, en esas preguntas están ímplicitas muchas reflexiones que todos nos hemos hecho: cómo encontrar nuestra verdadera esencia, ésa sin máscaras que un día dejamos atrás cuando nos introdujimos en el mundo de los adultos, el mundo del fingimiento, el mundo de Mátrix.

La respuesta es muy sencilla, a menos que seas consciente de que estás interpretando un personaje, que no te lo llegues a creer y te autoobserves actuando, ese personaje te acabará devorando. Pasó con Tarzán/Johny Weismüller, con Bela Lugosi/Drácula y les pasó a la mayor parte de las estrellas del show business (Michael Jackson, Prince, Janis Joplin, Marilyn, James Dean, etc, etc). Recuerdo una anécdota, relatada por un conocido locutor español, acerca del músico español, Enrique Urquijo, cantante del grupo “Los Secretos”, muerto a los cuarenta y tantos años de cirrosis, después de una vida depresiva, alcohólico y drogadicto, que le llevó a escribir memorables canciones; la vieja historia mil veces contada del rockero. Contaba el discjockey Diego Manrique que este afamado músico español nunca logró superar el complejo de que, cuando bajaba del escenario, las mujeres se encontraban con una persona “normal”. Las fantasías femeninas se desvanecían y él no era capaz de estar a la altura de lo que (pensaba) que ellas esperaban. Todo ello contribuyó a potenciar su pesimismo y su carácter autodestructivo.

A una escala mucho menor, algo así, la necesidad de bajar del escenario, nos ha pasado a todos, al salir del pub o la discoteca, de alguna u otra forma, y las parejas que han nacido de esas películas (sin comillas) han sido eso, culebrones. Si alguien se enamora de tu máscara, te volverás esa máscara. Es el precio del éxito. Michael Jackson, la máscara por antonomasia, lo sabe muy bien.

En esta última parte, nos proponemos ser un poco más arriesgados ¿es posible seducir sin máscara?, ¿es posible ligar sin colocar una barrera de por medio que nos proteja?

Tirarse a la piscina

En algunos de los capítulos anteriores, las llamadas tribus urbanas nos fueron sirviendo de ejemplo acerca de la evolución del cortejo. Vimos las influencias de las modas, las películas y los diferentes arquetipos femeninos y masculinos en nuestras propias costumbres, de cómo el hombre y la mujer fueron evolucionando a través de los personajes que escenificaron los mods, los rockers, los hippies, los heavys y el “buen rollito”. Dentro de la oferta existente, y en cada época concreta, cada uno se fue acomodando a aquella (im)postura que se correspondía más con su forma de pensar y sentir, con su esencia. De alguna manera, tras un tiempo ejercitándolas, esas máscaras ya nos pertenecen, son parte de nosotros, facetas de nuestra vida, pero no son nosotros, son juegos a los que hemos jugado que nos han permitido desarrollar facetas de nuestra personalidad. Así pues, no es necesario renunciar a ninguna de ellas, salvo que nos hagan daño, es decir, aquellas máscaras que nos automortifican y buscan reproducir modelos de conducta autocompasivos (el ejemplo del amor platónico puede ser bien descriptivo). Unificar todas esas máscaras, todos esos “yoes”, que hemos ido desarrollando a lo largo de nuestras vidas, debe ser la primera cuestión a alcanzar; ser el mismo/la misma en todos los ambientes que nos encontremos: completos. Es decir, ser capaces de utilizar todos los recursos que conocemos de nuestra propia personalidad donde quiera que nos hallemos.

La segunda debería ser encontrarnos a nosotros mismos, reencontrarse con el niño que fuimos, es decir, sin corazas ni defensas de ningún tipo, una empresa para la que hace falta tanto más trabajo cuantas más capas nos hayamos colocado encima; una auténtica labor de desprogramación mental. El objetivo es presentar el “material” (nuestra esencia), tal cual es: de nada sirve que una persona se enamore de alguien que no somos. Por el contrario, si alguien se siente atraído por nuestro verdadero ser, nos ayudará a explorar nuevas facetas de nosotros mismos. En eso consiste la no posesividad, las dos personas se convierten en compañeras de viaje en función de lo que de verdad son, y su camino llega hasta que ellos decidan, sin exigirle que ejerza de un personaje que no es.

La tercera, probar suerte de esta forma, internarse en esa jungla que hemos descrito anteriormente pero sin más defensa que nuestro propio ser. Veremos cómo podría ser esa nueva forma de ligar que ya muchos han comenzado a poner en práctica.

 

Una nueva propuesta de ligue

Lo dejamos perfilado cuando hablamos del rollo hippie y del buen rollito: la forma suprema de encuentro entre el yin y el yang es aquella que se produce sola, es decir, fluida, a través del propio magnetismo, de la propia ley de la atracción. Para algunos, la Ley por antonomasia que rige el Universo. Los chinos taoístas le llamaron el “no hacer” (wu wei), que no es la pasividad, como algunos podrían interpretar, sino la plena conciencia de lo que estamos haciendo, el 100% de nosotros sin voluntad de por medio, sino natural fluir. Descartaríamos así, de esta forma, cualquier comportamiento que haga forzar la situación, entendiendo ésta como lo cerebral, lo repensado, lo a destiempo, lo antinatural. Puede que alguien confunda este concepto con lo animal, con lo instintivo, con un arrebato pasional, pero no es de eso de lo que estamos hablando. Para explicar este terreno de lo sutil, en el mundo espiritual tenemos la palabra “fluir”.

El diccionario lo define como “correr de un líquido o un gas”. Es pues un concepto físico ligado a la naturaleza y tiene que ver con el recorrido que efectúan unas moléculas, siguiendo su camino más lógico, aquél donde encuentra el mejor espacio para expandirse.

En realidad, no es algo extraño, cuando de verdad se establece una comunicación (no solo amorosa, también amistosa) entre dos personas, una luz de confianza se enciende entre los ojos de ambas (entre los ciegos, esa luz se sentirá de otra manera, sin duda). La confianza, el saber que no hay juego (en el sentido perverso de la palabra, no en el lúdico que es muy necesario) de por medio, es la llave que el hombre utiliza para desafiar una situación aparentemente peligrosa, como es ponerse a hablar con una desconocida o profundizar en el interior de una amiga. La confianza, por el lado femenino, es la señal de que puede dejar entrar en su espacio a un extraño con pene. Esa confianza se activa por un fenómeno físico, magnético, de atracción natural, y que engloba a todas las atracciones que se pueden producir entre un hombre y una mujer (sexual, intelectual, amorosa, humorística, emocional y espiritual); la atracción se produce desde el espíritu, el cuerpo más sutil, lo que los hindúes conocen por el séptimo chakra.

Las señales para que se active este tipo de ligue se fundan en la mirada, de tal forma que, si no existe una comunicación visual sincera, es preferible no intentarlo; la ausencia de una mirada sostenida es sinónimo de falta de interés o incluso de autoconfianza por parte de alguno de los sujetos, y sin confianza no hay nada que hacer. Si alguien no cree en sí mismo, tú no vas a poder convencerle, lo máximo que podrás hacer será apoyarle en su trabajo para que recupere esa confianza. En el caso de los ciegos, el tacto o el sonido de la voz serán las señales a seguir. La sensación final es que no existe ninguna barrera, que todas las corrientes de comunicación entre el yin y el yang están abiertas.

Aprender a seguir estas señales tiene algo de mágico, y sólo podremos acceder a esa información cuando hayamos aprendido a detener nuestra mente para escuchar nuestra intuición que, como quedó dicho, es una inteligencia superior a la cerebral y no anterior, como es el instinto. Una vez más, habría que acudir a la física, y entender al ser humano como un compuesto de electricidad y magnetismo; el mecanismo de atracción entre los seres humanos estaría compuesto de esas dos leyes físicas. A la electricidad le correspondería la sexualidad, y al magnetismo, lo mental, la energía saldría del corazón e integraría ambas. Desde luego, los que estén en el camino del tantra también podrán identificar todas las atracciones anteriores, es decir, la sexual, la comunicativa (amistosa) y la amorosa, y lanzarse a una relación desde cada una de esas bases. Con este planteamiento, no debería haber lugar para discusiones porque no deseamos atraer desde el ego (desde la imposición de nuestra razón) sino que una fuerza superior nos estaría atrayendo mutuamente. Para que esto se dé, obviamente, el miedo no debería existir, pues el miedo es una emoción propia del ego, de la ansiedad por perder algo que creemos nos pertenece, en otras palabras, del apego, y en este juego no tenemos apego ni miedo porque hacemos simplemente lo que debemos, sin ego de por medio; seguimos el natural impulso del electromagnetismo.

De acuerdo a la tesis que mantengo, de no existir caretas entre los dos participantes, ambos, hombre y mujer, sentirán el mismo deseo, evitándose conflictos. Esta suposición, fundada en la experiencia de personas que han alcanzado este estado, se basa, una vez más, en los fundamentos del electromagnetismo, del cual estamos hechos, el proceso de atracción de los opuestos en la naturaleza funciona de una manera perfecta, así que, de alcanzar ese estado sublime, la ecuación se ha de realizar necesariamente entre hombre y mujer. El ligue sería así una cristalización más, en el sentido estrictamente físico-científico de la expresión.

En palabras humanistas esto se traduciría en que, si ambos, hombre y mujer, dejan atrás sus miedos (que nos disminuyen) y sus egos (que nos aumentan artificialmente) aflorarán los verdaderos yang y yin, que deberán complementarse porque su atracción será un fenómeno espiritual, físico y mental al mismo tiempo, provendrá de una fuente superior, que los englobe a ambos y que no se puede contradecir, porque es perfecta. Por supuesto que este concepto está claramente relacionado con el terreno de las creencias y, seguramente, es preciso haber llegado a una comprensión (experimental) de la Realidad Última, para admitirlo y, por tanto, para vivirlo.

Es preciso aclarar qué es eso de “no forzar la situación” porque, como queda dicho, alguno puede confundirlo con la pasividad, y nada hay más alejado. El concepto que propongo tiene más que ver con la no-acción que enseñan el taoísmo y el budismo. Cualquiera que haya practicado taichi puede tener nociones de a lo que me refiero, de cómo los movimientos se entrelazan con suavidad y determinación al propio tiempo, pero el fluir del agua puede ser mejor ejemplo. El curso de un río fluye por los lugares que le son más propicios, los naturales, pero en algunos momentos no le queda otro remedio que saltar desniveles o fallas y convertirse en cascada o catarata, es decir, es capaz de asumir riesgos cuando la situación así lo exige. Actúa dejándose llevar por la situación sin presiones ajenas, pero no se desvía de su camino, sino que el propio río es el camino, el lecho del terreno le indica por donde tiene que fluir y el agua se limita a regar los campos que así están señalados. La mujer sería de esta forma el campo, el terreno; y el agua, el líquido que lo riega, el hombre. Ella señalaría el camino y él lo recorrería. Ambos, juntamente, campo y agua, constituirían el río, pues el agua sin la tierra no sería tal y la tierra sin agua estaría seca. ¿En qué se traduciría toda esta poesía? Trataré de describirlo seguidamente.

 

Ejemplos del fluir

La principal diferencia con el ligue tal y como se ha entendido comúnmente hasta ahora, es que el nuevo cortejo no sigue ninguna pauta estereotipada, no se repite, no es un acto mecánico sino un acto creativo y singular. Nada hay más lejos de este no-método que el típico “¿estudias o trabajas?”. En realidad, no existe cortejo tal y como lo hemos explicado en la primera parte del libro. Es decir, no hay una programación para ello sino una predisposición para conectar con otro ser humano, distinto y complementario.

Al concebirse al ser humano como un ente perfecto en sí mismo, en paz con sus propios errores, ninguna fórmula preconcebida es mágica sino que la receptividad al propio momento se convierte en la llave. En otras palabras, nos volvemos creativos en todo momento, también en el amor, porque el ligue como acto de afirmación del ego desaparece. No tiene cabida porque ya no hace falta afirmarlo. Nos hemos fundido con el Todo y en el Todo aparece el alma gemela, pues la Naturaleza de la que estamos hechos, que funciona por la ley de la atracción magnética es perfecta y actúa de la misma forma que se atraen los imanes, “ocurre lo natural”. Así pues, para encontrar a esa llama gemela primero es preciso estar centrado en nuestro interior y sentir la confianza, la confianza de ser uno con el universo, en ese momento, comienzan a suceder los milagros. Ya no hace falta ocultar nuestros errores, ni potenciarlos (como en el ‘Woody Allen’ ni el ‘triste’ o el ‘maldito’), tampoco es preciso ocultar nuestras virtudes, porque sin el ego, no hay tampoco lugar para la falsa modestia.

Seguir los sueños

En este escenario, que a algunos podrá parecer irreal pero que muchos nos hemos dado el tremendo gustazo de vivir en esta vida, cualquier situación puede prender la chispa, en forma de mirada (los ojos se convierten en vitales de este nuevo ligue), sin depender de la hora del día, de la noche, o el día de la semana. Todos los días pueden esconder sus señales. En lugar de desconfiar de esa señal, como hasta ahora, la seguimos, sin necesidad de hacernos mil preguntas ni de lanzarnos a lo loco a por ella/él. La propia atracción de los complementarios hará propiciar la situación. Seguro. Y en ese momento, nos permitimos ser activos, es decir, dejamos que nuestro ser interno actúe. No existe el temor: ni a ser demasiado buenos, ni demasiado malos. Todo es perfecto. El miedo ha desaparecido porque no llevamos ninguna careta y la señal que nos han lanzado ha impactado en nuestro corazón. Vendría a ser como el flechazo de Cupido sólo que no hacemos planes ni fantaseamos acerca de lo que significará a largo plazo, simplemente vivimos. Puede que no sea más que una amistad, puede que sea sexo, puede que sean unos besos, unas palabras o puede que sea el alma gemela del largo viaje. En realidad, no importa, porque no vamos buscando nada. Lo que sea, será bienvenido. Y a ello no entregaremos.

Entregados al fluir, seguimos nuestros sueños, que ya son realidades, no creamos fantasías sino que las vivimos, no nos entregamos a la mente sino a la noacción, que es la verdadera acción. Nos decimos: “Si esto me corresponde hacer, lo hago”.

Mi amiga Mamen, ya en la cuarentena, recibió en un sueño que ese día encontraría al padre de su hija. Completamente convencida, se preparó para encontrar a su príncipe azul esa misma noche… sin resultados. A la mañana siguiente, fue a la reunión en casa de unos amigos y se encontró con el hombre que había estado esperando; lo reconoció en seguida, y viceversa. Se mostró convencida y se entregó a él confiada. La niña que nació de esa relación le dijo cuando aprendió a hablar, que había llegado para que nunca más estuviera sola…

La libertad se convierte en la fusión de hacer lo que nos da la gana y lo que nos dicta nuestra conciencia, la “obligación” y la voluntad se convierten en una sola cosa. Ambas se convierten en la misma cosa porque nuestro deseo nace del corazón y no del ego. Ante ello, la vida se vuelve múltiple, rica, holográfica, infinita. Cada momento, aunque sea repetido, adquiere matices sorprendentes. No repetimos las mismas acciones cuando conocemos a diferentes personas porque cada una de ellas es única. En definitiva, nos convertimos en dioses creando en todo el momento. El tiempo se convierte en Arte.

Los patrones de conducta estereotipados que hemos estudiado anteriormente se vuelven irrelevantes porque no los necesitamos. Como dice la sabiduría china, nos montamos en el tigre y nos fusionamos con él. Seguimos nuestros deseos, los genuinos, los que nacen de nuestra conexión con el infinito, por ello son todos son sagrados y los tenemos que saludar porque son la fuente de nuestra noacción.

En ese estado de cosas, todos nuestros comportamientos han de cambiar, desde el acto de besar, al de acariciar o el de escuchar y hablar. Cada cosa que hacemos es un acto de meditación, un acto de plena consciencia que nos produce un estado de orgasmo continuo, como estar viviendo nuestra película, la película que queremos protagonizar y no la que nos tienen preparada. El día y la noche dejan de ser mundos diferentes, más allá de la natural relajación que trae la noche y la actividad proclive a las horas solares. Nuestra personalidad no cambia de lunes a viernes ni de las vacaciones al trabajo, tan sólo la naturaleza, nuestra naturaleza cambia con las estaciones y los diferentes estados climatológicos. Nos fusionamos con la naturaleza.

En el nuevo cortejo no existe el miedo de entregarnos porque nadie nos puede hacer daño, aquella persona a la que nos entreguemos estará dispuesta a encajar con nosotros en la justa medida en la que nosotros lo estemos necesitando.

Por supuesto, ello no exime la risa, el juego se convierte en una risa entre dos, no en una serie de pruebas que uno coloca al otro, porque los dos juegan el mismo juego.

El Insistir

Hemos abordado este tema anteriormente, en el apartado “ligar en la tierra”. Allí, en la tierra, uno tiene que decidir si perservera, si se sobrepone a un “No” y sigue a su instinto. En el cielo, en este espacio idílico que nos atrevemos a crear, la insistencia, la perseverancia del varón estaría ligada a las pistas de la hembra, y la perseverancia de la hembra en dejar pistas estaría ligada, a su vez, en el instinto de que se merece esa espera, esa atención. Ya no hace falta elegir el momento sino que nos dejamos elegir por él.

El juego del insistir sería, únicamente, el espacio que ambos se dan para culminar una historia a la que se lanzan sin miedo. El tiempo que tarden en recorrerlo sólo servirá para aumentar todavía más el deseo.

En cualquier caso, el guerrero, ese guerrero que se ha propuesto esa batalla a medio plazo, no debería ir a ninguna batalla sin ser el 100% de sí mismo, de lo contrario, las dolencias acarreadas podrían sumirle en la tristeza, algo que le llevaría al odio hacia la otra. La mujer, por su parte, debería no meter presión ni hacer pasar por momentos complicados a quien no está preparado para ello.

 

Las cuatro direcciones y los cuatro elementos

En estos tiempos de igualdad, muchas mujeres (y muchos hombres) se preguntan por sus roles en el acto del cortejo. Como hemos visto a lo largo de este ensayo, la igualdad ha llevado a la parálisis en muchas relaciones que, como bien explicó el Tao hace miles de años, no se ponen en marcha si no hay un elemento dinamizador y otro receptivo. Si bien es cierto que la propia dinámica de la sociedad ha hecho que mujeres y hombres hayan intercambiado roles, con algunos aciertos, a la mayor parte de la población le ha supuesto un desgaste y un nivel de fracaso doloroso.

Desde el punto de vista de la sabiduría perenne, el papel creador del elemento femenino está en generar la oportunidad, en preparar el terreno para que el elemento yang, actúe. La mujer es la guía que lleva al marinero a buen puerto, y para ello ha de manejar (en el sentido benigno de la palabra) las cuatro direcciones y los cuatro elementos. Al norte, el niño interior; al sur, la pasión sexual; al este, la mente; y al oeste, la acción.

La sensualidad puede ser una buena pista para conducir al marinero, pero si se convierte en la única, se quedará en mera pasión sexual. Por ello, la fémina ha de conseguir que el marinero se ilusione como un niño, con inocencia; pero siendo así sólo, podría generar una relación noña, así que ha de meter la mente adulta en el asunto, pero no sólo, pues entonces la relación sería sólo intelectual. Así que debería también incluir la acción, el compartir actividades. Todo ello, desde el corazón.

Una relación del siglo XXI debe incluir el elemento agua (los sentimientos), el elemento fuego (la pasión), el elemento aire (la mente), el elemento tierra (trabajo, materia, dinero) y el quinto elemento, el éter, la parte espiritual.

También es posible que todos los gustos: dulce, salado, amargo, agrio y picante, que cada uno podrá identificar fácilmente con las diferentes emociones de las que se compone la vida. Atravesar cada uno de ellos puede ser una manera ajustada de establecer la duración del cortejo.

Los oráculos: el I Ching y el calendario maya

Por supuesto, que todas las suposiciones y cábalas que el enamorado haga acerca del estado de la amada y la causa de su estado de ánimo son sólo eso, suposiciones, hasta que ella quiera reconocer que ello es así. Obligar a alguien a confesar algo que no quiere sólo puede originar sufrimiento, así que no son recomendables las escenas pasionales tal y como se entendían antaño y se ven en las películas…

El enamorado, mientras tanto, entre visita y visita, ha de jugar en el terreno del tiempo y de las suposiciones acerca del estado de su amada. La espera se puede hacer eterna y puede generar numerosas dudas, debatiéndose entre la acción y la no-acción y más ahora que la mujer reclama su libertad… (“¿la llamo o no la llamo?”, “¿se agobiará?”). El hombre, por el hecho de serlo, tiende a la acción por naturaleza, con mayor razón si está enamorado. Lo que ocurre es que, como decíamos al principio, los roles hombre-mujer ya no están tan marcados como antaño, así que una actitud excesivamente masculina, en el sentido de “activa”, puede ser contraproducente. Así las cosas, el hombre también tiene que dominar el arte de detenerse… para volver a la carga cuando ella lo apruebe, es decir, ha de estar descansado, sin esperar nada, pero alerta al mismo tiempo. ¿Cuándo hacerlo?

Consultar los oráculos puede ser de gran ayuda.

La magia, en realidad, no es un remedio que nos ayuda sin que nosotros hagamos nada, como nos contaron. Los oráculos, por ejemplo, han de ser consultados con plena consciencia de la situación que vivimos y sólo en las ocasiones en las que, de verdad, necesitemos su apoyo. Al I Ching, por ejemplo, hay que llegar con la conciencia limpia, es decir, sin autoengaños y dispuestos a escuchar lo que nos diga. Las imágenes y sentencias del I Ching no nos dirán lo que tenemos que decir sino que nos ayudarán a ver mejor la situación, el momento en el que estamos, lo que, consecuentemente, nos ayudará a tomar la mejor decisión. Como libro sagrado que es, conviene no tomarlo a la ligera y consultarlo sólo cuando de verdad lo necesitemos. Como cualquier cosa poderosa, si nos pasamos, podemos desvalorizarlo. Dicho esto, te puede ser de una inmensa ayuda para saber si tienes que arriesgar o detenerte.

El calendario maya, o calendario 13 lunas, es otra gran ayuda pues nos conecta con la energía de cada día. Existen días para la realización, para dar forma, para iniciar un propósito, para la colaboración, para el cuestionamiento, el amor, el sueño, la intuición, el instinto… Si de verdad nos conocemos a nosotros mismos y somos plenamente conscientes del desarrollo de la relación, es decir, del relato completo, con sus tonos altos y sus bajos, es muy posible que nos ayude a tomar decisiones de acción o reposo en cada momento.

El Tiempo

El Tiempo, entendido como la espera hasta que consigamos aquello que anhelamos (la otra persona) es el principal enemigo del ligue. Por una razón muy sencilla: podemos echar por tierra la culminación de nuestro deseo en un futuro debido a nuestra ansiedad por conseguir nuestro propósito : “ahora o nunca” es todo lo contrario del modelo tántrico del ligue.

Planteando el encuentro entre opuestos como una operación que comienza con el DAR, es decir, con la proclamación sincera y a la cara (no valen escapismos cibernéticos) de lo que sentimos, dejamos la pelota en el otro tejado… y seguimos viviendo.

Sí. Así de claro y de rotundo.

Has dicho lo que sentías hacia el Yin y, entonces, dejas actuar a la Naturaleza. Todas las mujeres del Mundo (incluida aquella a la que amas) forman parte de esa Naturaleza, así pues, si no es ella (en ese momento) la parte Yin de esa Naturaleza te corresponderá de alguna forma.

Eso sí, puede que la respuesta no venga de la persona que esperas… Y sí de alguna otra parte….

El problema es que, ofuscado por El Tiempo, puede que no veas que la Naturaleza te está respondiendo.

Y, lo que es peor, con la rabia del momento en que no “correspondió” con tus deseos en aquella ocasión (otra vez, el Tiempo) no aceptarás que EL MOMENTO HA LLEGADO.

Siente que tu relación con ESA MUJER, es tu relación con LA MUJER, con la parte femenina de la Naturaleza.

Ofrece tus sentimientos a ESA MUJER en representación de LA MUJER, de la parte femenina de la Creación. No te ofusques si no es el momento.

Tú has hecho lo que deberías.

Ahora, siéntete alegre. La Naturaleza te va a corresponder.

Esa es toda la clave.

DA, y ábrete a Recibir… Pero tienes que estar atento: la recompensa puede venir por donde menos te lo esperas.

PD: Aunque nos quieran hacer creer que el Ser Humano busca su felicidad, los tiempos que corren, cargados de mensajes de miedo y desconfianza (sobre todo entre los sexos), inspiran más bien a salir corriendo cuando encontramos al opuesto que nos puede provocar la mística sensación de unión con el Tao, con el Todo. Por ello, es bien habitual que nos busquemos excusas, autoengaños, escapismos y hasta “alternativas” en las que nuestro corazón no se vaya a exponer tanto, para evitar romper el muro que nos atenaza y nos impide llegar a la Realización completa, la Plenitud.

Por todo ello, y dado que entre las buenas personas, la felicidad personal está interiorizada como un egoísmo (“con lo mal que está el Mundo, cómo voy a ser yo tan feliz”) es preciso encontrar una fórmula para deshacer nuestro autoengaño y superar el pánico que nos atenaza.

La fórmula secreta, la fórmula que ahora comparto contigo es ésta.

HAZLO POR LA HUMANIDAD.

Si te cuesta abrir tu corazón por ti, piensa que ese acto desinteresado que es exponer lo que sientes en lo más profundo de tu corazón, lo haces por el Bien de la Humanidad. Por su sanación.

No esperes resultados (aunque no te olvides de escuchar, no vaya a ser que…). Hazlo por el Planeta. Por su sanación.

 

 

 

hubo muchos "genocidios": Dresden, por ejemplo

27 Mayo 2009 por angelblanco

Comentando un artículo publicado por Anberto Buela en radiocristiandad,

un lector, que firma Azul, escribe lo siguiente:

 

http://radiocristiandad.wordpress.com/2009/05/26/%c2%bfimprudencia-o-providencia-el-sentido-teologico-del-holocausto/#comments

—–

 

 

La nota de Buela llega a una conclusión totalmente errónea y disparatada: “la matanza de judíos por los nazis debe de entenderse como genocidio y no como Holocausto”.

No es, Buela, una nueva apreciación semántica lo que define la mentira mas grande de todos lo tiempos sino que todo es falso: no existió un plan sistemático de eliminación física de judíos, no existieron las cámaras de gas, no se utilizó el ziklon B como elemento para consumar el delito, los hornos crematorios cumplían la misma función que hoy tienen en los cementerios argentinos, no existieron las industrias conexas: extracción de piezas dentales de oro, corte de cabello, inspección de anos y vaginas para detectar objetos valiosos, fabricación de jabón con los restos, etc., etc.

No existió genocidio como falsa y absurdamente sostiene Buela: hubo judíos muertos de muerte natural, otros por los bombardeos aliados, otros por las epidemias de tifus que azotaron Europa por esa época y otros de hambre y desnutrición (lo mismo que la población alemana) por el estado caótico en que había quedado Alemania, destruida por el bombardeo implacable sobre la población civil, las vías de transporte y la red fabril.

También hubo otros judíos, un pequeño número, que fueron ejecutados por haber infringido las normas de un tiempo de guerra y haber cometido delitos (En mucha menor parte que los prisioneros alemanes en campos aliados).

El número de muertos que da monseñor Williamson, es el real y obedece a dichas causas.
Jamás habló monseñor Williamson de que hubiera un genocidio como alucina Buela. Buela no entiende la propaganda de guerra judía, no entiende el holocuento, como tampoco entiende a monseñor Williamson.

En el fondo Buela es muy parecido a Simón Wisenthal o León Poliakov, su diferencia son las palabras no los hechos.

una sátira del "antijudaísmo" cristiano

24 Mayo 2009 por angelblanco

Una sátira del antisemitismo cristiano.

La mortifera influencia del judeocristianismo según Marcus Eli Ravage

Carta a los Gentiles

por Marcus Eli Ravage

 

 

Nos odiáis. No es bueno que lo neguéis. Así que no perdamos mas tiempo en negaciones e hipocresías. Sabéis lo que hacéis, y yo lo sé, y creo que nos entendemos. Seguramente, algunos de vuestros amigos son judíos, y todo eso. Creo que he oído ese argumento varias veces. Y sé también, que no me incluís personalmente — “yo”, es decir, cualquier judío particular — cuando acusáis a los judíos en vuestra forma particular, porque yo soy “diferente”, casi tan bueno como cualquiera de vosotros. Esa pequeña excepción, de algún modo, me hace gracia, pero olvidémoslo por ahora. Es el judío agresivo, trepador, y materialista al que odiáis — aquel, que os hace recordar tanto a vuestros propios hermanos. Creo que nos entendemos perfectamente. Yo no tengo nada contra vosotros.

No odio alguien que rechaza a otra persona. Pero hay algo que me intriga acerca de este tema anti-judío, como lo practicáis, es que hacéis excusas tan fantásticas y transparentes, que parecierais estar sufriendo horriblemente de mala consciencia, y si vuestra actitud no fuese tan grotesca seria irritante. Y no sucede porque seáis novatos en esto: habéis estado haciéndolo durante quince siglos. Sin embargo, al ver y oír vuestros pretextos infantiles, uno podría tener la impresión que no os conocéis a vosotros mismos ni lo que defendéis. Nos odiáis, pero no podéis decir porqué. Creáis una nueva excusa — una “razón” como la llamáis — cada día. Habéis estado amontonando justificaciones durante todos esos cientos de años y cada nueva invención es mas risible que la anterior y cada nueva excusa contradice y aniquila la otra.

No hace muchos años yo oía la acusación de que nosotros éramos materialistas y capitalistas; ahora la acusación es que ningún arte ni profesión alguna no mercantil esta libre de la invasión judía. Eramos, según lo que creéis, etnocentricos y exclusivistas, e inasimilables porque no nos mezclamos con vosotros, y ahora nos reprocháis lo contrario, es decir, que contaminamos vuestra integridad racial. Nuestro estilo de vida es tan bajo que creamos vuestros barrios obreros e industrias, y tan alto que os expulsamos de vuestras mejores zonas residenciales. Nos descalificabais como pacifistas y humanitaristas por naturaleza y tradición, y ahora, al creer en la validez de los Protocolos nos atribuís el papel de señores del mundo, de imperialistas y de fomentadores de toda guerra. Nos acusáis de ser los creadores del capitalismo, pero, al mismo tiempo, nos atribuís el papel fundamental en la revuelta contra el capitalismo.

Seguramente, la historia no tiene a nadie tan versátil como nosotros!
Oh! Casi olvido la razón de las razones: nosotros somos ese pueblo renegado que nunca acepto convertirse al Cristianismo, y somos además el pueblo criminal que crucifico a su fundador.

Pero os digo, os engañáis. No tenéis el conocimiento o la voluntad para enfrentar los hechos y aceptar la verdad. Odiáis a los judíos no porque, como algunos de vosotros pensáis, crucificamos a Jesús sino porque engendramos a Jesús. La razón secreta de vuestro resentimiento no se encuentra en el hecho de que nosotros hayamos rechazado al Cristianismo, sino que nosotros os lo hemos impuesto!
Vuestras acusaciones contradictorias contra nosotros no son sino un parche en la oscuridad de nuestro verdadero crimen histórico. Nos acusáis de haber hecho la revolución comunista. Bien, aceptamos la acusación. ¿Y? Comparado con lo que el judío Pablo de Tarso hizo en Roma, la revolución rusa no es más que un pequeño escándalo de palacio. Hacéis tanto barullo por la indebida influencia hebraica en vuestros teatros y en vuestro cine. ¡Muy bien!. Aceptado, vuestros lamentos son justos. Mas, ¡qué puede significar esto contrapuesto a la influencia cultural ilimitada que nosotros ejercemos en vuestra Iglesia, en vuestras escuelas, sobre vuestros gobiernos y formas de vida, sobre todo en vuestro mundo intelectual!

Un ruso plagió un grupo de papeles y los publicó en un libro llamado “Los Protocolos de los Sabios de Sión” que muestra que nosotros conspiramos para provocar la última Guerra Mundial. Vosotros creéis en ese libro. Bien. Supongamos que ‘Los Protocolos de los Sabios de Sión’ sean auténticos. ¿Qué cosa podría significar esto frente a la innegable acción histórica de conspiradores que hemos desarrollado, de la que nunca hemos negado porque nunca habéis tenido el coraje para acusarnos, y de la cual el registro histórico es abundante para quien quiera leer?

Si fuerais serios cuando habláis de conspiraciones judías, ¿Debería yo dirigir vuestra atención hacia una de las mas importantes? ¿Que sentido tiene gastar palabras sobre el presunto control de vuestra opinión publica por financistas, periodistas y magnates del cine judíos, cuando podríais simplemente acusarnos correctamente de haber controlado vuestra entera civilización por medio de los Evangelios Judíos?

Sois incapaces de conocer nuestro verdadero crimen. Nosotros somos invasores, destructores, subvertores. Nosotros hemos tomado posesión de vuestro mundo natural, de vuestros ideales, de vuestro destino y hacemos juego de todo esto. Nosotros hemos sido no sólo los promotores de la última guerra, sino de casi todas vuestras guerras. Hemos sido no sólo los promotores de la Revolución Rusa, sino de todas las otras grandes revoluciones. Nosotros hemos suscitado y continuamos promoviendo disturbios en las ciudades, en las calles y en vuestra vida privada. Y aún estamos haciéndolo. Nadie puede decir cuánto tiempo, seguiremos haciéndolo.
Retrocedamos un poco y veamos lo que ha sucedido. Hace mil novecientos años atrás vosotros erais un pueblo inocente, pagano y libre. Vosotros rendíais culto a innumerables Dioses y Diosas, a los espíritus del aire, de las corrientes de los arroyos y del bosque. Os enorgullecíais de la gloria de vuestros cuerpos desnudos. Tallabais imágenes de vuestros dioses y de figuras humanas. Gustabais de los combates del campo y la arena. Os emboscabais en las laderas y en los valles de los grandes campos, y especulabais sobre la maravilla y el misterio de la vida e iniciabais las bases de la ciencia natural y la filosofía. La vuestra era una cultura noble, sensual, liberada de la consciencia social o de cualquier moralismo sentimental sobre la igualdad humana. Quien sabe que gran y glorioso destino podriais haber tenido si nunca os hubieseis encontrado con nosotros..

Pero nuestros caminos se cruzaron. Nosotros abolimos la hermosa y generosa estructura que habíais creado y cambiamos el curso entero de vuestra historia. Os hemos conquistado como ningún imperio vuestro jamas ha subyugado al Africa o Asia. Y lo hicimos sin necesidad de armas, derramamiento de sangre o rebeliones, sin fuerza de ningún tipo. Lo hicimos solamente con el irresistible poder de nuestro espíritu, con ideas y con propaganda.

De vosotros hemos hecho los portadores inconscientes de nuestra misión al mundo entero, a las razas barbaras del mundo, a las incontables generaciones por nacer. Sin una comprensión completa de lo que os hemos estado haciendo, vosotros os habéis convertido en los agentes de nuestra tradición racial, llevando nuestro evangelio a los confines inexplorados de la tierra.

Nuestras costumbres tribales han inspirado vuestro código moral. Nuestras leyes tribales han amueblado el fundamento básico de todas vuestras constituciones y sistemas legales. Nuestras leyendas y nuestros cuentos populares son la sagrada literatura que leéis a vuestros infantes. Nuestros poetas han llenado vuestros himnarios y vuestros devocionarios. Nuestra historia nacional ha devenido parte indispensable del aprendizaje de vuestros pastores, sacerdotes y académicos. Nuestros reyes, estadistas, nuestros profetas y nuestros guerreros son vuestros héroes. Nuestro pequeño país de un tiempo ha llegado a ser vuestra Tierra Santa. Nuestra literatura nacional ha llegado a ser vuestra Biblia. Lo que nuestro pueblo penso y enseño se ha vuelto una parte inseparable de vuestro discurso y tradición, al tanto que no hay nadie entre vosotros que pueda ser considerado educado que no este familiarizado con nuestra herencia racial.

Artesanos y pescadores judíos son vuestros maestros y santos, con incontables estatuas erigidas a su imagen e innumerables catedrales alzadas a sus memorias. Una joven judía es vuestro ideal de maternidad y de la femineidad. Un profeta judío rebelde está en el centro de vuestra devoción. Hemos destruido vuestros ídolos, hemos destruido vuestra herencia racial, y la hemos sustituido con nuestro Dios y nuestras tradiciones. Ninguna conquista en la historia puede compararse remotamente con nuestra conquista de vuestro espiritu.

¿Como lo hicimos? Casi por accidente. Hace dos mil años en la lejana Palestina, nuestra religión había caído en decadencia y materialismo. Los mercaderes estaban en posesión del Templo. Los rabinos degeneraban y engordaban. Entonces un joven patriota idealista apareció e hizo un llamado al reavivamiento de la fe. Él no pensaba en crear una nueva iglesia. Como todos los profetas que le precedieron, su único objetivo era purificar y revitalizar el viejo credo. Él ataco a los sacerdotes y expulso a los mercaderes del Templo. Esto le llevo a enfrentarse con el orden establecido y sus guardianes. Las autoridades romanas, que ocupaban militarmente el país, temiendo que su agitación revolucionaria provocara una rebelión política, le arrestaron y le condenaron a muerte en la cruz, una forma común de ejecución en aquel tiempo. Los seguidores de Jesús de Nazaret, principalmente esclavos y trabajadores pobres, se separaron de la sociedad y formaron una hermandad de pacifistas no-resistentes, que compartía la memoria de su líder crucificado y vivía de forma comunista. Eran meramente una nueva secta en Judea, sin poder o influencia, ni eran los primeros ni los últimos.
Este fue el inició de nuestro dominio en vuestro mundo. Pero fue solo el comienzo. Desde ese tiempo vuestra historia no es mas que el relato una lucha entre vuestro propio espíritu pagano y nuestro espíritu judío. La mitad de vuestras guerras, grandes o pequeñas, han sido guerras religiosas, peleadas por la interpretación de uno u otro aspecto de nuestras enseñanzas. Cuando intentasteis regresar a las maravillas del mundo romano pagano, Lutero tomo nuestro Evangelio y lo volvió entronizar en vuestra cultura. Observad las tres principales revoluciones de los tiempos modernos, la francesa, la americana y la rusa. ¿Qué es lo que son, sino el triunfo de la idea hebraica de la justicia social, política y económica?

Y el fin todavía no ha llegado. Todavía os dominamos. En este mismo momento vuestras iglesias están enfrentadas por una guerra civil entre Fundamentalistas y Modernistas, es decir, entre aquellos que interpretan literalmente nuestras enseñanzas y tradiciones y aquellos que desean separarse de ellas. Y una vez mas, la herencia puritana de Judea vence por medio de la censura, las leyes del Domingo y las actas de prohibición. Y mientras esas cosas tan graves suceden, vosotros os preocupáis de la influencia hebraica en el cine!

¿Es extraño que nos odiéis? Hemos puesto un obstáculo en vuestro progreso. Os hemos impuesto un libro extranjero y una fe extranjera que no podéis digerir, que contradice vuestro espíritu nativo, que os mantiene inquietos, y que vosotros no tenéis el espíritu para o rechazar o aceptarla por completo.

En resumen, nunca habéis aceptado nuestras enseñanzas cristianas. En vuestros corazones aún sois paganos. Aún os enorgullecéis de la figura humana desnuda. Vuestro igualitarismo, a pesar de toda la democracia y de todas vuestras revoluciones, es aún una cosa imperfecta. Hemos dividido vuestra alma, confundido vuestros impulsos y paralizado vuestros deseos. Así, en medio de la batalla sois ordenados a rendirle culto a quien os indico que dierais la otra mejilla a los enemigos, a quien dijo “resistir es malo” y “Bienaventurados sean los pacifistas.”

En vuestra búsqueda de la ganancia sois perturbados de repente por la memoria de vuestras lecturas de la Biblia y sus doctrinas igualitarias. En vuestras luchas contra los izquierdistas, vuestra acción es confundida por la idea de que los pobres son bendecidos por Dios y que todos los hombres son hermanos en Cristo. Y cada vez que estéis a punto de rendiros a la tentación, nuestro entrenamiento judío impide vuestra acción. Vosotros cristianos nunca os habéis vuelto realmente cristianos. Hasta este punto hemos fracasado con vosotros. Pero hemos destruido para siempre el paganismo.

¿Por que no deberíais odiarnos? Si estuviésemos en vuestro lugar probablemente os odiaríamos en una forma menos cordial que en la que vosotros nos odiáis. Pero nosotros no tendríamos ningún problema en deciros porque. No nos iríamos por las ramas. Con millones de judíos burgueses respetables no insultaríamos vuestra inteligencia diciendo que el comunismo es una filosofía judía. Y con millones de trabajadores y proletarios judíos seria ridículo mantener la idea de que el capitalismo internacional es un monopolio judío. No, nosotros iríamos directamente al grano. Nosotros contemplaríamos esta confusión que llamamos civilización, esta mezcla medio-pagano medio-cristiana, y – señalaríamos el origen – en un espacio en blanco: “Este enredo es gracias a vosotros, a vuestros profetas, y vuestra Biblia.”

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