Así como la palabra México se lee como Méjico, lo mismo ocurre con la palabra “próximo”, que equivale a prójimo. En esta última palabra a cada forma se le da un significado diferente, aunque en el fondo se trata del mismo concepto.
Próximo, es algo o alguien muy cercano, vecino. Así el más próximo a nosotros, son nuestros parientes, nuestra familia, nuestra estirpe, nuestra raza en suma.
Considerar “prójimo” a cualquier persona, incluso las más lejanas en el tiempo, o en la geografía, en la antropología, no tiene sentido. Es evidente que amar a todo el mundo por igual equivale a no amar a nadie en particular, pues amar es, por definiciaón, dar prioridad o preferencia a álguien. El amor materno por su prole, sus criaturas, hijos, cachorros, es una ley natural que demuestra que el amor es selectivo. Lo mismo ocurre en el amor erórico: Un hombre no se enamora de cualquier mujer o de todas por igual. Lo mismo ocurre en la mujer respecto a su preferencia por el hombre que elije como padre de sus hijos.
Dicho todo lo anterior, llegamos a la conclusión fundamental de que los glosistas de los textos del Antiguo Testamento, han traducido erróneamente la palabra hebrea “rea”, que propiamente significa “hermano de sangre” y que Lutero, bajo asesoría rabínica, interpretó como “prójimo”.
En un libro, de entre los miles de libros que desde 1945 son prácticamente inencontrables, el titulado
“EL BOLCHEVISMO DE MOISÉS A LENIN UN DIÁLOGO ENTRE ADOLFO HITLER Y YO” , su autor, Dietrich Eckart , escribe:
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