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En Corea murió un hombre del pueblo, en la República Checa un intelectual del fascismo.
Pocas horas después de que falleciera Vaclav Havel, nos llega la noticia de la muerte del camarada, Kim Jong-il, a consecuencia de un infarto.
El primero fue un siervo de la dictadura capitalista, el segundo estuvo entregado a la causa de la democracia popular. El primero fue un intelectual del fascismo, el segundo un luchador antiimperialista.
La muerte del primero nos resulta indiferente: era un perro. La muerte del segundo la sentimos profundamente: era un hombre.
Nos unimos al dolor de nuestros hermanos de Corea.
Etiquetas: Antropología, Europa, histeria, Razas